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República de Panamá 2018

19 de marzo, ciudad de Panamá28 de marzo, Boquete
20 de marzo, ciudad de Panamá, el Canal 29 de marzo, Boquete
21 de marzo, ciudad de Panamá, Soberanía 30 de marzo, Boquete, Almirante, Bocas del Toro, Carenero
22 de marzo, ciudad de Panamá, El Valle de Antón 31 de marzo, Carenero, Bocas del Toro
23 de marzo, El Valle de Antón 1 de abril, Bocas del Toro
24 de marzo, El Valle de Antón 2 de abril, Santiago
25 de marzo, El Valle de Antón, Santa Fe 3 de abril, ciudad de Panamá
26 de marzo, Santa Fe 4 de abril, ciudad de Panamá
27 de marzo, Boquete Datos económicos del viaje

31 de marzo, sábado

    Primer desayuno en el Faro del Colibrí, en un pequeño comedor abierto, al borde del mar: una rodaja de sandía, otra de piña, té, dos huevos duros muy hechos, cereales con leche y un jugo de naranja sintético. El dueño lanza los restos del desayuno a los peces, tan finamente, así que los bajos del comedor seguro que es un lugar estupendo para la observación de peces de colores.
    Ha llovido durante toda la noche y el cielo sigue cubierto de nubes. Uno tiende a creer que en el caribeño archipiélago de Bocas del Toro, famoso por sus playas, el sol no deja de acariciarte con sus rayos en todo momento, pero la cara oculta es que hasta el mes más seco del año, marzo, aún tiene mucha lluvia. Eso sí, la temperatura es magnífica, una media anual de veintiséis grados, jamás baja de veintidós ni sube de treinta y uno. Las precipitaciones anuales son considerables, rondan los 3000 mm.
    Son las diez y el sirimiri ha cesado, aunque el cielo sigue completamente cubierto por gruesas nubes grisáceas, amenazantes. ¿Qué hacemos? Metemos dos paraguas plegables en la mochila y salimos con intención de recorrer el perímetro de isla Carenero. Calzamos jaguayanas, buenas para clima lluvioso y cálido pero nefastas para andar por suelos resbaladizos y peor aún, con pendiente y barro. A pocos metros de nuestro alojamiento nos topamos con el restaurante Receta Michila, las crónicas dicen que se come muy bien, así que reservamos mesa para la una y media. Seguimos avanzando por el sendero paralelo a la orilla este y llegamos a la playa aledaña al Resort Vista Azul, donde, a pesar del mal tiempo, los chavales andan jugando en el agua. ¿Qué pasa, no hay miedo a los tiburones? En los últimos quince años solo han muerto dos personas por ataques de tiburones en Bocas del Toro, ya sabes, es una cuestión de probabilidades, si te toca, pues mala suerte. Muchas más posibilidades tienes de que te muerda una serpiente, incluso las de mar, que también las hay.

Paisaje interior de isla Carenero en un día lluvioso.

    Y hablando de peligros, en esta tranquila y diminuta isla todo el mundo recuerda el macabro asesinato ocurrido en noviembre de 2011, fue famoso porque los protagonistas eran jóvenes y guapos, algo muy importante para que los medios muestren interés en el suceso. Una pareja de americanos formada por el militar retirado Brimager, de treinta y siete años y su novia Baldelli se mudaron desde el sur de California a la habitación de un hostal en isla Carenero. Cuando el gerente del hostal se rompió una pierna fue trasladado a un hospital y dejó a Brimager y Baldelli como únicos huéspedes, momento que aprovechó para matarla, descuartizarla y esconder sus restos por la isla. La familia de su novia no advirtió su desaparición hasta dos meses más tarde porque Brimager suplantó su identidad y les mandaba correos desde el ordenador de ella diciendo que se había marchado a Costa Rica con otro hombre, incluso viajó a Costa Rica para retirar dinero de una cuenta de su novia. En diciembre, Brimager marchó a San Diego donde se casó con otra mujer. Pero veintiún meses después del asesinato, un residente local encontró una bolsa de lona, estilo militar, con restos humanos. El ADN confirmó su identidad. Enseguida Brimager fue interrogado y detenido como sospechoso ya que cometió el error de quedarse con su ordenador. En 2016 confesó el asesinato y fue condenado a veintiséis años. Este tipo de muertes macabras se producen con relativa frecuencia: el año pasado una mujer fue encontrada desmembrada en el mar y otra sin cabeza ni manos en San Carlos, aunque la Policía sospechó que no se trataba de femicidios sino de malhechores que se vengan de sus compinches matando a sus mujeres. En cuanto a femicidios, el Ministerio Público contabilizó el año pasado dieciocho mujeres asesinadas.
    Solo es transitable el sendero que recorre el perímetro de la isla; si intentas penetrar hacia el interior te encuentras con los manglares, llenos de agua, con la raíces de los árboles al descubierto y una vegetación espesa que dificulta cualquier avance. El sendero pasa por dos playas pequeñas, poco cómodas porque tienen pendiente y la arena se mezcla con la vegetación. El agua está muy turbia cerca de la orilla pero desde el extremo del pantalán ya se aclara y se ven pasar cardúmenes de peces grandes con rayas longitudinales. Más adelante la tierra penetra en el mar y se forma un promontorio desde donde se divisan a los surfistas luchar con las olas y el ir y venir de las lanchas llenas de ellos. A unos los traen a Carenero y a los de Carenero les llevan a otras islas, el caso es mover a los turistas, que si no se mueven no gastan. Nuestra intención era recorrer todo el perímetro de Carenero pero el sendero se estrecha y el barro hace que resbalemos con facilidad ante cualquier desnivel del terreno, así que regresamos. Comemos un pescado frito y un ceviche de almejas rojas en el restaurante Receta Michila, situado a pocos metros de nuestro alojamiento.

Playa del Vista Azul Resort en Carenero

    Como el tiempo ha mejorado bastante nos vamos a la playa aledaña al Vista Azul Resort, a ver si pasamos una tarde agradable. Es sábado y claro, la playa está llena de familias, con criaturas corriendo, gritando y salpicando por todos lados. En la foto parece que la playa está vacía porque solo se ve la parte izquierda, la zona de baño está a la derecha. El agua sigue turbia, apenas veo mis pies y tampoco las rocas, y eso es peligroso, así que regreso a la arena, no me arriesgo a rasparme contra los corales. Hubiera sido mejor la siguiente, de agua mucho más clara, aunque por alguna razón los lugareños se concentran en esta, por algo será. Tomamos un coco —aquí a los cocos les llaman pepa— en uno de los improvisados chiringuitos playeros.
    De vuelta al hotel charlamos con el dueño del Faro del Colibrí, el señor es italiano y no parece que acabe de acostumbrarse al país: "A la gente no le gusta pagar impuestos y prefieren que todo se lo haga el Estado y trabajar poco. He contratado a una secretaria y cada poco tiempo falta al trabajo, siempre anda en el médico". Para cenar, repetimos en Receta Michila, que lo tenemos aquí al lado y es un restaurante que nos ha gustado.

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