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República de Panamá 2018

19 de marzo, ciudad de Panamá 28 de marzo, Boquete
20 de marzo, ciudad de Panamá, el Canal 29 de marzo, Boquete
21 de marzo, ciudad de Panamá, Soberanía30 de marzo, Boquete, Almirante, Bocas del Toro, Carenero
22 de marzo, ciudad de Panamá, El Valle de Antón 31 de marzo, Carenero, Bocas del Toro
23 de marzo, El Valle de Antón 1 de abril, Bocas del Toro
24 de marzo, El Valle de Antón 2 de abril, Santiago
25 de marzo, El Valle de Antón, Santa Fe 3 de abril, ciudad de Panamá
26 de marzo, Santa Fe 4 de abril, ciudad de Panamá
27 de marzo, Boquete Datos económicos del viaje

29 de marzo, Jueves Santo

    Otra mañana soleada en Boquete, magnífica, un poco fresca quizá. Hoy vamos a caminar por el bosque. El sendero más popular es el de los Quetzales, pero son cuatro horas y además con subidas prolongadas, preferimos uno más sencillo, por ejemplo, el Camino de la Tubería o Cascada Escondida. El sendero que descartamos por completo es el del Pianista, por su truculenta historia: en abril de 2014 dos veinteañeras holandesas desaparecieron tras adentrarse en él. Se movilizaron patrullas de búsqueda panameñas y holandesas, hubo un despliegue de medios nunca visto, pero no sirvió de nada. Tres meses después se encontraron algunos restos óseos y una mochila con el teléfono y la cámara de fotos. Las familias contrataron detectives privados pero todo fue en balde, jamás se pudo averiguar lo que pasó. Se sabe que se vieron en algún tipo de peligro porque llamaron al número de emergencia de Panamá y a teléfonos de Holanda pero no había cobertura. No es la primera vez que escuchamos historias de desaparecidos en el bosque, todos los países tienen las suyas.

Río Caldera bajando hacia Boquete

    Subimos al coche y ponemos rumbo al Pipeline Trail. Este nombre es debido a que el sendero transcurre paralelo a una tubería de agua que llega hasta Bajo Boquete. De camino nos topamos con una roca preparada para aprendices de escalada. Luego pasamos muy despacito por un puente sobre el río Caldera porque el tablero del puente es de chapa lagrimada en pésimo estado, agujeros incluidos. Más arriba, a la altura de Bajo Mono, las aguas del río Caldera alimentan la piscifactoría Lamasur donde se crían truchas arco iris. Otra empresa, Aqua Bounty Panamá, cría salmones transgénicos, modificados genéticamente para que en un año alcancen los cinco quilos. Varias organizaciones internacionales los han denunciado porque dicen que ni controlan los patógenos, ni hacen vigilancia epidemiológica, ni tan siquiera han presentado los informes obligatorios de seguimiento del impacto ambiental y encima vierten más residuos de los permitidos al río, tampoco han indemnizado por los árboles que talaron durante la construcción de la piscifactoría, o sea, que hacen lo que les da la gana. A pesar de todo, hace siete días han conseguido el permiso para exportar sus salmones transgénicos congelados a Estados Unidos y Canadá.
    Aparcamos el coche cerca de la entrada al sendero, al borde de la carretera, procurando no dejar nada a la vista dentro del coche. La entrada cuesta tres dólares por persona y hay que inscribirse en el libro de visitas. El sendero de la tubería es facilón, casi plano y bien definido, un paseo. Se cruza varias veces un riachuelo por unos puentes muy precarios pero nada peligrosos. Cada poco tiempo, paramos a observar la masa vegetal por si descubrimos al famoso quetzal, pero no tendremos esa suerte. Sin embargo, otros senderistas con los que nos cruzamos sí lo han visto, eso dicen. También nos indican la posición de un perezoso, aunque de una manera muy vaga: "Sí, más adelante, ya lo verán, tras cruzar el próximo puente, en los árboles de la derecha". Con estas pobres indicaciones y después de mucho mirar, mi mujer lo descubre, por fin. Según el guía, lleva en la misma rama cinco días, seguramente porque tiene alguna cría. El camino finaliza en una cascada con un hilillo de agua, ni para ducharse, porque estamos al final de la estación seca.
    Durante la caminata hemos visto árboles muy llamativos por su diámetro y sus formas espectaculares, pero nada parecido al "Cenizo", un olmo mejicano de aproximadamente mil años, ¡y casi pasamos de largo porque está fuera del sendero, veinte metros hacia el bosque. Este olmo tiene suerte de que su madera no sea buena para uso industrial, así no se meten con él. Es originario de México y Centroamérica.

Olmus mexicana, en el sendero de la Tubería

   La gente dice que dos horas son suficientes para llegar hasta la cascada y volver; a nosotros nos ha llevado casi cinco horas. Nos detenemos para verlo todo, las hormigas, los helechos, las plantas raras, divisar los monos a lo lejos, descubrir alguna ranita, etc.
    Comemos a las cinco en el Pianista, el cocinero y propietario, al decirle que visitaremos isla Colón, nos recomienda que cenemos en el restaurante El Pelícano de su padre, Giovanni Santoro. El cocinero se llama Saint John y dice que también habla patúa, una mezcla de inglés, francés y español, y el guariguari, que ahora mismo es una mezcla de palabras del español, inglés del Caribe y guaymi. Su ascendencia probablemente es jamaicana. Nos advierte de los areneros, unos mosquitos diminutos que pican al atardecer en isla Carenero, suelen vivir sobre la arena y al caer la tarde te acribillan, mejor escapar de la playa antes de las cinco. ¿Qué es la sopa de rondón? Es una sopa de pescado con plátano verde, leche de coco, verduras, guindillas y especias, nos explica Saint John. Nos tomamos una pizzas hecha con masa madre en horno de leña, pero no resultan. Mucho mejor el pescado de ayer, ni comparar.
    Después de cenar paseamos por el centro de Boquete, aunque no resulta agradable: la mitad del pueblo está en obras, vayas por donde vayas. En una heladería italiana tomamos unos helados de dos sabores, muy buenos, a uno setenta y cinco dólares cada. Hoy es Jueves Santo, festivo, y Boquete se ha llenado de capitalinos, se nota en la cantidad y calidad de los autos aparcados: mucho Mercedes, Chevrolet Camaro y otros autos deportivos de colores llamativos. Siete horas se tarda desde ciudad de Panamá hasta Boquete.
    A las siete ya es noche cerrada, así que nos retiramos a nuestro hotel. En la piscina y el jacuzzi no hay nadie, todo para nosotros. Hoy si funcionan los chorros del jacuzzi. El recepcionista nos informa de que el gimnasio del hotel también lo pueden utilizar los empadronados en el pueblo, pero no viene casi nadie. No es gratis, claro, cincuenta y cinco dólares al mes es mucho dinero para los sueldos del país.
    Es imposible olvidar la Semana Santa, tradición foránea, traída por los invasores españoles, que ha arraigado fuerte en la psique de este país. En la televisión, mucha película de santos y Cristos y hasta por la radio se escuchan temas de carácter religioso.

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