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República de Panamá 2018

19 de marzo, ciudad de Panamá 28 de marzo, Boquete
20 de marzo, ciudad de Panamá, el Canal 29 de marzo, Boquete
21 de marzo, ciudad de Panamá, Soberanía 30 de marzo, Boquete, Almirante, Bocas del Toro, Carenero
22 de marzo, ciudad de Panamá, El Valle de Antón 31 de marzo, Carenero, Bocas del Toro
23 de marzo, El Valle de Antón 1 de abril, Bocas del Toro
24 de marzo, El Valle de Antón 2 de abril, Santiago
25 de marzo, El Valle de Antón, Santa Fe 3 de abril, ciudad de Panamá
26 de marzo, Santa Fe 4 de abril, ciudad de Panamá
27 de marzo, Boquete Datos económicos del viaje

27 de marzo, martes

        Amanece muy nublado y ventoso pero la temperatura es buena, no se pasa frío en Panamá. Mientras hacemos la maleta, la televisión cuenta que los panameños están preocupados por los altos niveles de agresividad de la sociedad; no se respeta la autoridad y la causa es el alto grado de corrupción de los dirigentes políticos, que dan muy mal ejemplo. ¿Tan corrupta es la clase política? Debe serlo porque Panamá ocupa el puesto noventa y seis —de una lista con ciento ochenta países— en el índice de percepción de la corrupción que elabora Transparencia Internacional. El puesto número uno lo ocupa Nueva Zelanda y el último Somalia. Las emisoras que sintonizamos en el coche constantemente mencionan a políticos involucrados en casos de corrupción. Un ejemplo de cien: a los diputados de la Asamblea Nacional se les asigna un dinero para que contraten los servicios profesionales que estimen necesarios (abogados, secretarios, estudios, etc.). La ley de transparencia les obliga a publicar el nombre de esas empresas, pero no hay manera. El periódico La Prensa investigó y reveló que la mayor parte de esos contratos, o bien son falsos y los diputados se quedan con el dinero, o contratan a familiares cercanos. A pesar de que la Corte Suprema ordenó entregar esa información, la presidenta de la Asamblea dice que es imposible porque se necesita un programa informático especial que aún no se ha instalado.

Autovía Panaméricana

    Tenemos por delante 286 Km desde Santa Fe a Boquete, de ellos, 192 Km son por la autovía Panamericana, el resto, carreteras nacionales. El navegador calcula cuatro horas, la realidad es que tardaremos cinco. ¿Y por qué tanto? El tramo de Santiago a David de la Panamericana se inauguró en enero de este año, así que el asfalto está perfecto,
Temibles camiones circulan a velocidades de pánico
las líneas bien pintadas, la señalización vertical intacta y la pintura de los puentes peatonales —no aptos para discapacitados— relucen bajo el sol. Además, los ingenieros del Ministerio de Obras Públicas se decantaron por el asfalto, que es un sesenta por ciento más barato que el hormigón y no tiene las juntas transversales que provocan ese ruido tan molesto y característico de los corredores de ciudad de Panamá. El límite de velocidad es de ochenta kilómetros por hora y a esa velocidad conduzco, ni un kilómetro por hora más porque sé que hay policías con radares semiocultos —los hemos visto— tras los arbustos decorativos de la autovía y no queremos multas ni vergonzosas escenas de coimas. El tiempo que calcula nuestro navegador no incluye los controles policiales, como el puesto de control integral de Guabalá; su objetivo es la búsqueda de sustancias prohibidas y descubrir personas indocumentadas o que están de forma irregular en Panamá, pero ¿tienen que parar a todos los vehículos?, ¿no se les ha ocurrido que podrían retirar a la derecha los vehículos que quieren inspeccionar y dejar pasar a los demás y así no crear esas colas de kilómetros que sufrimos el resto? ¿De qué sirve la fabulosa y rectilínea Panamericana si después, debido a los controles, se tarda más que por las carreteras de una sola vía? Y lo que más fastidia es que cuando llegas al control policial les ves a todos sonrientes, gastándose bromas entre ellos y la mitad mirando... ¡qué pachorra! ¡Qué desprecio por el tiempo del prójimo!

Control policial de Guabalá en la autovía Panaméricana

    La población de Panamá es de cuatro millones y mueren anualmente unas 434 personas en accidentes de tráfico, una auténtica barbaridad si tienes en cuenta que solo circulan 1,2 millones de vehículos. Tres cuartas partes de los atropellos suceden en ciudad de Panamá y alrededores y casi la mitad de los muertos son peatones, atropellados por ahorrarse el esfuerzo de cruzar por un puente peatonal o buscar un cruce regulado por semáforos, que brillan por su ausencia.
    En Panamá cualquiera puede comprar un arma, ya sea pistolas, fusiles o metralletas. Y no solo una, sino diez, que es el máximo. Se compran en las armerías de ciudad de Panamá. ¿Qué necesitas? Un poco de papeleo: tres fotografías, un certificado de salud mental, un análisis de orina para detectar drogas, análisis de sangre para el ADN, rellenar un formulario con los datos personales. huellas dactilares, pagar la licencia y ya tienes un permiso para cinco años. El año pasado fueron asesinadas ochenta y nueve personas, cincuenta y siete con pistolas y doce con arma blanca.
    En David dejamos la Panamericana y tomamos la cuarenta y uno. Los habitantes de David son conocida por ser los más racistas del país, dicen que no te dan trabajo a no ser que seas de allí. Los panameños te dirán que no son racistas, pero hemos comprobado que si un negro entra en un restaurante de postín lo miran raro, hay desconfianza y todavía hay gente que se extraña cuando se topan con un médico o un abogado que no es blanco. Lo cierto es que la mezcla es tan grande que ya no saben ni lo que son; con la construccion del Canal llegó gente de todas partes y muchos se quedaron. El peor racismo se da con los más oscuros de piel y los más racistas son los chinos, constituyen el diez por ciento de la población y de estos se dice que no contratan a un negro en su comercio ni aunque los despellejen vivos.
    A las dos entramos en Boquete —un valle encajonado a mil metros de altitud, de ahí su nombre—. La carretera nacional atraviesa por el centro de Boquete, así que se forma un buen tranque, como llaman aquí a los atascos. Lo primero, comer. Escogemos el restaurante Il Pianista, dos kilómetros al norte de Boquete.
Rana de vidrio (Hyalinobatrachium fleischmanni)
Cruzamos el bravo río Caldera por un puente metálico y seguimos por una carretera solitaria que pasa cerca de buenos hoteles y algún chalet de bonito diseño. El restaurante ha sido una buena elección, un lugar tranquilo, sencillo, junto a un arroyuelo y un jardín con orquídeas La camarera nos enseña una rana de cristal escondida, mimetizada entre las orquídeas. Compartimos de primero dos calamares al horno y de segundo mi mujer pide un atún y yo un dorado o mahi-mahi, ambos al horno. El cocinero es el hijo del propietario del hostal y restaurante El Pelícano de isla Bastimentos, en el archipiélago de Bocas del Toro. El chaval se lamenta de que, aunque el negocio le da para vivir bien, siente que no disfruta de la vida porque este trabajo es muy esclavo; el día libre siempre lo tiene ocupado comprando mercancía, preparando platos y limpiando. ¡Es que me paso la vida en el restaurante!
    Con la panza satisfecha regresamos al centro de Boquete para registrarnos en el hotel The Haven and Spa. El recepcionista es realmente simpático y servicial, nos aconseja como restaurante para la cena el Retrogusto, un italiano recién inaugurado. Más arriba del Retrogusto han abierto una tienda de cervezas artesanales. Por cierto, ¿a qué le llamáis chicha? Al jugo en general. ¡Ah!
    Salimos a inspeccionar el centro de Boquete. Por la calle principal se hace difícil caminar debido al ruido y humo de los camiones volquete, las aceras son completamente irregulares, cada pocos metros cambia su altura, anchura, tipos de baldosas, etc. Además, hay solares con edificios en construcción y el viento, que sopla muy fuerte, trae polvo y arena que te golpea en la cara. Abandonamos la calle principal y caminamos por las calles aledañas, así nos libramos del tráfico, pero estas calles no están asfaltadas, son de gravilla y en un día ventoso como hoy mascas el polvo. El centro es algo caótico, sobre todo, cerca de la estación de autobuses; con calles muy estrechas donde los autobuses encuentran dificultades para maniobrar. Si te alejas un poco del centro se ven magníficas casas con jardines llenos de flores y césped bien cortado.
    Boquete se puso de moda en los años ochenta como lugar de retiro para americanos. La publicidad de las inmobiliarias vendía Boquete como uno de los mejores lugares del mundo para retirarse. "¡Trágame tierra, y escúpeme en Boquete!, decía una curiosa frase publicitaria. Y tuvieron éxito: ahora viven aquí unos tres mil jubilados americanos. Unos han escogido este lugar como su destino final y otros como residencia temporal, vacacional. No se pueden negar sus atractivos: el pueblo goza de temperaturas máximas que oscilan entre los veintiséis y los catorce grados, así que no hay gastos de aire acondicionado ni de calefacción. En cuanto a comunicaciones, Boquete está a cuarenta y cinco minutos de David por carretera y el aeropuerto Enrique Malek tiene conexiones con Estados Unidos, aunque siempre pasando por el aeropuerto de ciudad de Panamá. Ahora mismo te puedes comprar una buen chalet al más típico estilo norteamericano en un residencial vigilado por "tan solo" 370000 dólares, en Boquete Canyon Village, por ejemplo. Y encima, no se pagan impuestos por la propiedad de la casa, si es única residencia Los residenciales donde viven los jubilados americanos no los verás con facilidad, están fuera del centro, como el Residencial El Bosque o Lucero, cerca de campos de golf, el deporte que más les gusta. El país también presenta innegables ventajas: el dólar es la moneda oficial. Los varones mayores de sesenta años y mujeres por encima de los cincuenta y cinco disfrutan de descuentos en restaurantes y en las medicinas. Además, obtener la residencia es fácil comparado con otros países. El seguro médico y del coche son muy baratos. La calidad del personal médico es buena puesto que muchos médicos se han formado en USA. Un seguro médico decente puede costar unos sesenta dólares al mes. Los derechos de propiedad de los extranjeros son los mismos que los ciudadanos panameños. Se puede importar un coche nuevo cada dos años sin impuestos para uso privado. Panamá no tiene ejército, su seguridad está garantizada por los Estados Unidos.
    Los panameños critican a los americanos porque cuando un panameño vive en USA quieren que se integren en su cultura, aprenda el idioma, coma hamburguesas y beba Coca-Cola, sin embargo, los americanos que viven en Boquete apenas se mezclan con la población, viven en sus residencias rodeadas de muros y no hacen el menor esfuerzo por aprender el idioma. Es natural, son gente en la recta final de sus vidas, no están para cambiar de hábitos a esas alturas. Los americanos residentes se quejan de que los panameños son indisciplinados y poco fiables, usan mucho la muletilla "mañana" y "si Dios quiere" y nunca se sabe que significa lo de "mañana". Si el fontanero te dice que llegará a las once, en realidad, llega a cualquier hora menos a esa, si es que aparece. Luego están los cortes de electricidad, que pueden durar desde cuatro minutos a cuatro horas.
    Al lado del puente sobre el río Caldera vemos un parque muy vistoso, de mucho colorido, es un recinto ferial y hoy se celebra una estupenda exposición de orquídeas, competitiva. Entramos y pasamos la tarde viendo tiendas de artesanías.

Recinto ferial de Boquete

    Cenamos en el restaurante Retrogusto, en el centro de Boquete. No cumple nuestras expectativas. La presentación de los platos es buena, pero agradan más con la apariencia que con el gusto: demasiada nata, demasiada salsa, demasiada grasa, las mismas hierbas de adorno en todos los platos y un precio poco acorde con la calidad. Mucha apariencia, poca fundamento.

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