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República de Panamá 2018

19 de marzo, ciudad de Panamá 28 de marzo, Boquete
20 de marzo, ciudad de Panamá, el Canal 29 de marzo, Boquete
21 de marzo, ciudad de Panamá, Soberanía 30 de marzo, Boquete, Almirante, Bocas del Toro, Carenero
22 de marzo, ciudad de Panamá, El Valle de Antón 31 de marzo, Carenero, Bocas del Toro
23 de marzo, El Valle de Antón 1 de abril, Bocas del Toro
24 de marzo, El Valle de Antón 2 de abril, Santiago
25 de marzo, El Valle de Antón, Santa Fe 3 de abril, ciudad de Panamá
26 de marzo, Santa Fe 4 de abril, ciudad de Panamá
27 de marzo, Boquete Datos económicos del viaje

26 de marzo, lunes

    Como el Coffee Mountain Inn no tiene una zona común adecuada para dar desayunos, una empleada nos lo trae a nuestra terraza, que está a ras de suelo; los pájaros se saben la hora del desayuno mejor que nosotros, así que hacemos guardia sentados a la mesa mientras esperamos pacientemente a que la chica vaya haciendo sus idas y venidas trayendo el resto del desayuno porque si te descuidas se lo comen los pájaros... o cualquier otro bicho. Nos sirve un café con leche, medio plátano, una rodaja de melón cantalupo, tres medias rebanadas de pan de molde tostado, un cachito de plumcake y una tortilla de jamón de York.
    A las nueve hemos quedado para hacer el tour "Lo mejor de Santa Fe", un recorrido guiado en coche que incluye una caminata ligera por el bosque. Nuestra guía es Chaeli, es americana, ecóloga y propietaria del Coffee Mountain Inn junto con Celestino, su pareja. Escogemos unas botas de goma de nuestro número, nos las ponemos y salimos. La joven pareja de la habitación contigua se ha decidido por una aventura más divertida: paseo en tubo por el rio Santa María. Celestino les lleva hasta el río en su furgoneta.

Petroglifos en medio del río, aunque no se perciben en la foto

    Chaeli se detiene junto a un riachuelo para enseñarnos unos petroglifos grabados sobre grandes rocas, justo en el medio del río, para ello bajamos hasta la orilla por una estrecha trocha llena de barro, piedras y vegetación. La humedad es alta. Nos acercamos un poco más a los surcos hechos en las piedras abriéndonos paso por un sendero.
    —¿No habrá animales peligrosos por aquí?—, pregunto.
    —Nada de caimanes, serpientes sí, de esas hay muchas y cuidado, porque la provincia de Veraguas, donde nos encontramos, es donde más pican, unas cuatrocientas cincuenta anuales. La responsable del noventa y cinco por ciento de las picaduras es la terciopelo o víbora X (Bothrops asper) y la mayoría de las picaduras no se producen desde el suelo, donde uno pensaría, sino en el rostro; las terciopelo jóvenes se quedan en las ramas esperando que pasen otros insectos y pican a la altura de la cara. A las adultas también les gusta espera a las presas en los arbustos y árboles bajos. Cuando se camina por zonas con hierba hay que tantear con una vara la zona que vamos a pisar, como estoy haciendo yo, y por supuesto, no meter la mano en huecos ni andar moviendo rocas. Si veis una, lo mejor es alejarse despacio y esperar a que se aleje. Si le lanzamos piedras es peor, puede atacar. Este bosque alberga dos mamíferos de gran tamaño: el jaguar y el tapir. Por lo general, el jaguar no suele atacar al hombre, pero es un problema con el ganado.
    Como la pesca me apasiona, me intereso por los peces del río. Chaeli dice que aquí no, pero más abajo se pescan róbalos de más de cinco quilos y que ejemplares en torno a los dos quilos son comunes, basta con una pequeña caña y una cucharilla o pez artificial para hacerse con piezas notables.
    Nos adentramos en el bosque, por un camino de barro, tan estrecho que la vegetación te pega en el pecho y te moja. Nada tranquilizador después de lo que Chaeli nos ha contado de las serpientes. Chaeli quiere que veamos las bromelias, en ellas suelen poner huevos varios tipos de ranas porque las bromelias atrapan el agua y en esas pequeñas piscinas viven los renacuajos estupendamente, nunca les falta alimento, las flores atraen muchos insectos. Muchas ranas arborícolas comen hormigas venenosas y eso las hace a ellas también venenosas. Y cuidado con las bromelias, una vez abrió una y dentro había una serpiente diminuta, a la espera. Menudo susto.
    En un colmado de mader, junto al puente sobre el río, Chaeli nos invita a un refresco, yo pido lo más raro que veo, una bebida de Aloe Vera, con grumos que se supone son trozos de la planta; me sabe a química, como todos los refrescos.
    Cuando regresamos al hotel observamos un ligero revuelo: al parecer, la pareja que han soltado esta mañana en el río con el tubo —una especie de balsa que parece la cámara de neumático de un bulldozer—, no ha aparecido en el punto de recogida y están organizando una búsqueda. Antes de marcharnos les veremos llegar a la habitación, empapados sí, pero sanos y salvos.
    Cenamos en el Café Dorado a las siete y media porque cierran a las ocho y media. Corvina en salsa de ajo con arroz, las cervezas a un dólar.

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