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Guadalupe 2019

3 de diciembre, Sainte-Anne 11 de diciembre, Zoo Parc des Mamelles
4 de diciembre, Sainte-Anne, Saint-François 12 de diciembre, Basse-Terre
5 de diciembre, Pointe-à-Pitre 13 de diciembre, Bouillante
6 de diciembre, Bois Jolan 14 de diciembre, Chutes de Carbet, Roches Gravées
7 de diciembre, Le Moule, Saint-François 15 de diciembre, Grande Anse, Malendure
8 de diciembre, La Porte d'Enfer, Anse Bertrand, Petit-Canal 16 de diciembre, Bouillante
9 de diciembre, Museo Edgar Clerc, Morne-à-l'Eau Datos económicos
10 de diciembre, Deshaies

8 de diciembre, domingo

    Ayer se quería meter en casa un cangrejo ermitaño como un puño de grande y hoy una escolopendra de casi un palmo. La he mantenido a raya con la escoba. ¡Menudo susto si se mete en la cama! Su picadura no es ninguna fruslería, un par de días en el hospital como poco. A los gecos que corretean por los techos y paredes les dejamos hacer, son muy eficaces eliminando insectos y además me resultan entretenidas sus cacerías nocturnas. En la sala tenemos varios gecos, uno diminuto, no más de cuatro centímetros, que le da por corretear sobre la mesa de cristal de la sala como un desesperado, mucho más activo que los adultos, que son más caros de ver. Ya puede andarse con cuidado porque los gecos son caníbales y si se pone a tiro, los grandes se lo zamparán sin pestañear. La naturaleza no es una madre, sino una madrastrona, dicen los biólogos, que conocen bien el percal.
    Amanece un día extraordinariamente ventoso, con el cielo cubierto de nubes de todos los tonos de gris. Para cuando acabamos de desayunar ya se han abierto unos enormes claros y brilla un sol resplandeciente. Arantza me embadurna la cara con protector solar, me doy repelente en los tobillos y en las corvas y nos marchamos a dar una vuelta por el norte de la isla con el coche.
    Nuestra primera visita es el cementerio de los esclavos de la ensenada de Saint-Marguerite, justo a la orilla del mar. No se distingue ninguna tumba, se trata de un recinto delimitado por unos postes verticales pintados en colores y un gran cartel sostenido por una endeble estructura metálica, similar a las vallas publicitarias. El cartel dice: "Monumento a los antepasados. Aquí descansan nuestros antepasados muertos en el infierno de la esclavitud. En este lugar sagrado para siempre, sus almas descansan en paz. Asociación Lanmou Ba Yo". Otro panel, más pequeño, nos instruye sobre la importancia de este cementerio. A ver qué dice:

Cementerio de los esclavos en la ensenada de Saint-Marguerite

    En el siglo XVIII, el noventa por ciento de la población del norte de Grand-Terre estaba constituida por esclavos. Este cementerio se usó en la segunda mitad del siglo XVIII y el XIX para enterrar a cientos de esclavos de varias plantaciones. Los restos han servido a los arqueólogos para conocer las condiciones sanitarias de la población esclava y las costumbres funerarias. Las conclusiones del estudio han sido que las condiciones de vida de los esclavos eran mucho más duras de lo que nos podemos imaginar.
Escultura en el cementerio de los esclavos de
Saint-Marguerite
Los cadáveres muestran que todos morían antes de llegar a los treinta años; la pérdida de casi todos sus dientes atestigua la desnutrición. Todos los cuerpos presentan osteoartritis y tuberculosis y el ochenta por ciento de los niños morían con menos de diez días.
   En las excavaciones se distinguen dos sectores: uno al sur, donde las tumbas muestran direcciones aleatorias, con ataúdes utilizados en menos del cincuenta por ciento de los casos. Esta aleatoriedad se atribuye al hecho de que antes de la primera abolición en 1790, no todos los esclavos estaban bautizados, a pesar de que el Código Negro lo recomendaba. Sin embargo, en el norte, los rituales cristianos fueron particularmente bien respetados como lo demuestra la buena organización de las tumbas con todas las cabezas orientadas hacia el oeste. Igualmente se han descubierto ciertos objetos religiosos como rosarios de oración.
   El origen africano de los cadáveres se ha demostrado por las características morfológicas de los huesos y por las mutilaciones dentales, como los dientes frontales afilados en punta que corresponden a ciertos ritos de paso de las poblaciones del este de África. Estos rituales culturales fueron prohibidos en las colonias francesas, por tanto, su presencia sugiere que estas personas nacieron en África. Aunque todavía no se ha explorado completamente este cementerio, es un lugar de importancia vital en el estudio de la esclavitud en el Caribe. Es el cementerio de esclavos mejor documentado de todas las Antillas.

La abolición de la esclavitud en Francia

    Durante la revolución francesa se proclamó la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano en 1789 que, por supuesto, no incluía a las mujeres y mucho menos a los esclavos. Para que la esclavitud fuera abolida en las colonias tuvo que darse la primera sublevación masiva de esclavos en Santo Domingo, actual Haiti, solo entonces la esclavitud fue abolida en las colonias por el convenio del 4 de febrero de 1794. Francia se convirtió en la primera nación del mundo en abolir la esclavitud en sus colonias. Pero cinco años después llegó al poder Napoleón y en 1802 la restableció por la presión de los aristócratas antillanos, entre ellos sus suegros, que poseían más de trescientos esclavos en sus plantaciones de Martinica, y así, de paso, pensaba Napoleón que podría recuperar el corazón de su esposa, Josefina de Beauharnais. Parece que fue en vano.
    Finalmente, el 29 de marzo de 1815, Napoleón proclamó la inmediata abolición del comercio de esclavos. En las colonias esclavistas hicieron oídos sordos. Finalmente, fue la revolución de 1848 la que abolió la esclavitud por la Segunda República. El decreto estipulaba que la abolición sería aplicable en un tiempo de dos meses. Los esclavos de Martinica se rebelaron inmediatamente y para prevenir más incidentes la abolición fue proclamada el siguiente día, el 27 de mayo. La misma proclamación se hizo en Guadalupe. Contra toda lógica, el decreto no establecía castigos para los terratenientes por el horrible sufrimiento causado a los esclavos, todo lo contrario, recibieron una suma enorme en compensación por la pérdida de mano de obra gratuita.


    Dejamos la carretera principal y tomamos la desviación hacia Anse Maurice. Al final de una pronunciada bajada encontramos una amplia playa protegida por barrera de coral, con sombra de uveros, mesas de picnic y un chiringuito playero de nombre Chez Pinpin. Últimamente esta playa suele ser muy castigada por los restos de sargazos; los investigadores dicen que se debe al cambio climático.
    Otra parada destacada del norte es la cala llamada la Porte d'Enfer, desde la atalaya de la carretera parece más un paraíso que la puerta del infierno.

La Puerta del Infierno

    Cuando bajamos hasta la playita nos sorprende el color del agua, como ferruginoso, un color que desanima el baño y además, del lecho asoman rocas extremadamente ásperas, no aptas para un pie descalzo; y para rematar, cientos de erizos de mar... Los que sí disfrutan de esta lengua de mar son los pescadores de caña. En la otra orilla pesca uno bien ataviado, con botas de goma, caña de bambú, o mejor dicho, un bambú por caña y arnés a la cintura; se ve que la caña de bambú le pesa. Allá donde mires se ven cientos de peces menudos, como de diez centímetros, boquear e incluso saltar fuera del agua. Los pescadores no creo que busquen estos peces tan pequeños, seguramente buscan a los depredadores que se zampan a los peces pasto. En contraste con la superficie tranquila de la cala, en el mar abierto las olas rugen con todo su poder, quizá de ahí viene el nombre de La Puerta del Infierno.

Acantilados por donde discurre la Trace des Falaises

    Justo en la playa de la Puerta del infierno comienza la Trace des Falaises, o sea, la Ruta de los Acantilados. Un paseo que suele estar muy concurrido durante los fines de semana, aunque hoy solo nos topamos con varios pescadores que vienen de probar fortuna en los acantilados; las bolsas nevera que portan se ven pesadas, bien llenas, señal de que han tenido buen día. El paseo discurre pegado a los impresionantes acantilados; a ver si llegamos hasta el Trou de Madame Coco. De repente miro a lo lejos y veo, sobre el horizonte del mar, una cortina de lluvia, amarillenta, que se aproxima hacia nosotros. No hay donde esconderse, así que la esperamos resguardados bajo unos arbustos. Sólo han sido unas gotas pero han hecho bajar la temperatura unos grados. El sendero es amplio y fácil, se ve que es muy transitado, pero cuidado, el suelo es áspero, como lija para las suelas y cuchillas para nuestra piel.
    Seguimos hacia delante, por la región más salvajes y menos turística de la isla, y llegamos a Anse-Bertránd, de cinco mil habitantes. El pueblo tiene algunas pequeñas calas para nadar y una magnífica playa, la playa de la Petit Chapelle, a la salida de la ciudad en dirección a Port-Louis. Parece un pueblo muy auténtico, no se ve un alma por las calles hasta que llegamos al puerto, el restaurante l'Anthonïs está petado, señal de que no se come mal. La carta del restaurante tiene fricassée de lambi, o sea, un guiso o estofado de caracol marino reina, ya tenía ganas de probarlo, así que lo pido; Arantza no se arriesga, que ya tomará un trocito del mío, ella prefiere el pescado. El servicio ha sido horroroso, han tardado casi media hora en servir y para entretenernos pedimos la clave del güifi y lo mismo, nos la dan cuando hemos acabado de comer, el pan no ha llegado nunca y encima se equivocan en las cuentas a nuestro favor; para rematar, la fecha del recibo es del uno de enero de 2012. El lambi me ha gustado mucho, repetiría... en otro sitio.

Sorbet coco maison

    Al salir de Anse-Bertránd, en una callejuela, encontramos un improvisado puesto de sorbete casero de coco con la heladera más grande que hemos visto en este viaje y la primera con motor eléctrico. Generalmente son más pequeñas y manuales. Al helado aún le quedan diez minutos de giros para estar listo, toca esperar, para eso están las sillas. El señor nos cuenta que la preparación tradicional resulta laboriosa: recogen los cocos maduros, de pulpa gruesa, y a machetazos se abren, con cuidado de no dejar algún dedo, y luego con un cuchillo se retira la pulpa que después se lava en un balde varias veces hasta que el agua queda limpia. Se corta la pulpa pacientemente en trozos pequeños y se pasa por una licuadora. Este zumo aún le quedan partículas sólidas, así que lo filtramos con un paño, apretando bien para obtener un jugo bien líquido. Ahora ya tenemos el jugo de coco; le añadimos la ralladura de un limón, el zumo de un limón y nuez moscada, pero la mouscade de aquí, no la importada; también un poco de canela, leche condensada y ya está, se echa el jugo dentro del vaso metálico de la heladera, se cierra y alrededor se rellena con cubitos de hielo y hala, a girar. ¿Hasta cuándo? Hasta que se consiga la consistencia adecuada. La espera ha merecido la pena, el sorbete está de rechupete, de un sabor bien natural.
    Dejamos el coche junto al muelle de Petit-Canal, atestado de coches aparcados incluso en las zonas de hierba aledañas al canal. Justo aquí desembarcaban a los esclavos que iban derechos a trabajar de sol a sombra en las plantaciones de caña. En un pequeña colina vemos unas escaleras que suben a una iglesia, es la llamada les Marches des Esclaves o Peldaños de los Esclavos. Son cuarenta y nueve escalones que conducen hasta la iglesia donde eran vendidos los esclavos africanos. Las escaleras fueron construidas por los esclavos; cada rellano lleva el nombre de los diferentes grupos étnicos que trabajaron en ellas: congos, yorubas, ibos, ouolofs, peuls, bamilékés... Aquí se encuentra también le Tronc des Âmes o Tronco de las Almas, el monumento más antiguo de Guadalupe. Sólo hay una palabra escrita: Liberté – 1848, fecha de la abolición definitiva de la esclavitud. El monumento contiene en su interior cuarenta látigos que pertenecieron a cuarenta amos. Más abajo, un busto del militar francés Louis Delgrès (1766-1802) mira con arrogancia hacia el mar. ¿Quién fue este señor?

Louis Delgrès

    Louis Delgrès nació en Martinica en 1766, fue una de las figuras más importantes en la lucha contra la esclavitud en las colonias francesas del Caribe. Hijo de Elisabeth Morin, de origen africano, y Louis Delgrès, de piel clara. Ingresó en el ejército con diecisiete años, después de una sólida educación. Apoyó la Revolución Francesa y su ideario. Luchó por la República dos veces:
Busto de Louis Malgrès en la escalinata de la iglesia de Saint-Philippe y Saint-Jacques
primero defendiendo Guadalupe de la invasión británica de 1794 y después, en la segunda guerra del Caribe, defendiendo a la población negra de la isla San Vicente cuando se rebeló contra los británicos en 1795. Fue encarcelado dos veces en tres años, entre 1794 y 1797. Su reputación creció y fue ascendido a capitán convirtiéndose en asesor del almirante Jean-Baptiste Raymond de Lacrosse.
    En 1799, Napoleón Bonaparte se convirtió en regente de Francia. En 1801, Lacrosse le nombró gobernador de Guadalupe, pero Lacrosse fue destituido por el nuevo gobierno francés y deportado el 1 de noviembre de 1801. El nuevo gobierno puso a Magloire Pelage como gobernador de Guadalupe y éste nombró a Delgrès jefe del distrito de Basse Terre. Tras su nombramiento, Delgrès despidió a funcionarios y oficiales franceses blancos, acusándolos de comunicarse con Lacrosse e intentar restaurar la esclavitud en la isla. El 6 de mayo de 1802, el general Antoine Richepance llegó a Guadalupe con la orden de Napoleón de restaurar la esclavitud. Delgrès decidió luchar contra él y lideró la revuelta al lema de "Vive libre o muere". No pudo vencer; él y sus seguidores resistieron durante dieciocho días al ejército francés y finalmente Delgrès se suicidó junto con sus hombres haciendo explotar sus reservas de municiones.

   A lo lejos vemos unas carpas blancas de donde sale música en directo. Allá vamos. Un montón de gente, más de doscientas personas, están terminando de comer. En cada mesa, varias botellas ya vacías de champán Moët & Chandon. Al otro lado de la calle, otras carpas albergan a un grupo de música, que nos regala alguna canción de Bob Marley, y enfrente, un gran espacio para bailar.

Fiesta en Petit-Canal

   Regresamos a nuestro alojamiento antes del anochecer para dar buena cuenta de nuestra segunda langosta. Afortunadamente, el güifi ya funciona y hemos podido comunicar con Chez Yanou en Bouillante para informarles de la hora a la que llegaremos.

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