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Guadalupe 2019

3 de diciembre, Sainte-Anne 11 de diciembre, Zoo Parc des Mamelles
4 de diciembre, Sainte-Anne, Saint-François 12 de diciembre, Basse-Terre
5 de diciembre, Pointe-à-Pitre 13 de diciembre, Bouillante
6 de diciembre, Bois Jolan 14 de diciembre, Chutes de Carbet, Roches Gravées
7 de diciembre, Le Moule, Saint-François 15 de diciembre, Grande Anse, Malendure
8 de diciembre, La Porte d'Enfer, Anse Bertrand, Petit-Canal 16 de diciembre, Bouillante
9 de diciembre, Museo Edgar Clerc, Morne-à-l'Eau Datos económicos
10 de diciembre, Deshaies

14 de diciembre, sábado

    Me distraigo con el folleto comercial del Carrefour mientras desayuno; en un lugar muy destacado se muestra el origen de los productos y prácticamente el noventa por ciento o más vienen del hexágono, a siete mil kilómetros de distancia, muy pocos de Guadalupe, otros pocos de Martinica y menos aún de España, Alemania, Holanda e Italia. Tan cerca de América y solo veo una mezcla para salsa criolla del Perú. Para reducir los precios podrían importar artículos de lugares más cercanos como Perú, Brasil, Ecuador o México, pero no, casi todo se importa de Francia. El mercado está monopolizado por unas pocas cadenas, a las demás no les interesa competir en un mercado tan reducido. Además del largo viaje desde París en barco o en avión, hay que añadir los impuestos en muelle, que dependen del peso del artículo; un contenedor con champán está sujeto al mismo coste de flete que un contenedor de agua mineral. El efecto acumulativo de estos factores hace que salga muy caro vivir en Guadalupe.
    Salimos a las nueve y media hacia Trois Rivières, al sur de la isla Basse-Terre. Hoy queremos ver las Chutes (cataratas) de Corbet y justo cuando salimos por la puerta empieza a llover de nuevo, bueno, no importa, ya parará.
    Al cruzar Basse-Terre, la capital de Guadalupe, pasamos junto al mercado cubierto; hoy sábado hay abundante gentío y seguro que hubiera sido interesante verlo, pero ya lo vimos antes de ayer y además, tardaríamos mucho tiempo en buscar aparcamiento. Donde sí paramos es en un mercadillo callejero cerca de una de las glorietas de Gourbeyre. Es un mercado claramente destinado a los que pasan en coche por la carretera porque está alejado del pueblo. Y para llamar la atención, qué mejor que poner música a todo volumen, hasta que te revienten los tímpanos. A mí me dan ganas de salir corriendo; he visto a cientos de grupos de rock en directo pero este volumen es criminal, me produce malestar físico, ligeras ganas de vomitar y pérdida del equilibrio. Mayormente son puestos con comida "fait maison" que nos vienen genial para comer después. Compramos el archiconocido accras de morue (buñuelos de bacalao) (siete unidades por 2,50 €), rambután, a doce euros el quilo, un trozo de bizcocho de maracuyá (2,50 €), una empanadilla de plátano dulce y algunos dulces más, entre ellos, uno hecho con la pulpa del coco y otro que se hace con el albedo del pomelo, y que es típico de las Navidades. Bajo una carpa, técnicos dan los últimos toques a un escenario repleto de pies de micrófonos; se prepara una actuación musical, seguramente de gwo ka. Nos llama la atención una fruta alargada, como pepinillos, que no habíamos visto nunca.
    Seguimos por una estupenda carretera, donde se alcanzan velocidades de vértigo, yo consigo los noventa kilómetros por hora, y eso, acostumbrado a las viradas y empinadas carreteras de los alrededores de Bouillante, es como si volara. A la altura de Anse St. Sauveur giramos a la izquierda y continuamos por una estrecha carretera que sube hacia la montaña. El último tramo, justo antes del parqueo, se complica un poco porque en la empinada subida solo están asfaltadas dos líneas rectas que coinciden con las ruedas del coche y, por tanto, solo hay espacio para un coche, o subir o bajar. No lo ponen sencillo llegar hasta el aparcamiento, pero tampoco es imposible, solo hay que tener un poco de cuidado.

Una de las cataratas de Corbet

    Cuando llegamos al aparcamiento del inicio de la caminata disfrutamos de unos agradables veinticuatro grados. La señora del centro de visitantes cree que somos franceses y nos explica el recorrido a velocidad de vértigo. Cuando le advertimos que somos españoles y que si lo puede decir más doucement, s'il vous plaît, recomienza la perorata pero más despacio. Ahora sí, le entendemos de maravilla. De algo sirven los nueve años de francés en el colegio. Desde el aparcamiento, en la parte superior, se ven las dos cataratas más altas, y hay un letrero que indica el sendero hasta la base de los saltos de agua. Se tardan unos veinte minutos en recorrer el camino marcado hasta la segunda cascada y unas dos horas hasta la más alta (115 m). Hay mucha humedad en el ambiente pero afortunadamente no llueve. Nos detenemos en la segunda catarata, porque llegar hasta la primera resulta complicado, el camino discurre por estrecha trocha guerrillera, solo apto para quien calce unas buenas botas impermeabilizadas, o mejor unas katiuskas, porque el sendero, con la lluvia, se ha convertido en un pequeño arroyuelo, y aún así, cuidado, todas las piedras están empapadas, muy resbaladizas. Por cierto, aquí no hay sanguijuelas en las hojas, tranquilos.
    Mientras estamos de regreso, caen cuatro gotas, como avisando; en cuestión de diez segundos es como si nos echaran agua con cubos. Saco a toda prisa el impermeable de plástico de dos euros que compré en el jardín botánico de Deshaies y, como puedo, me lo pongo, aunque con las prisas, asomo la cara por el agujero para los brazos, y además, como me lo he puesto encima del sombrero, me queda corto por abajo. Peor lo llevan otros, que van en camiseta y han quedado como si se hubieran bañado en los estanques. A pesar de la chaparrada, la temperatura no baja de los veinticuatro grados, así que dentro del impermeable el sudor hace que al final quede completamente empapado, lo mismo por fuera que por dentro.
    Cuando llegamos al coche, aún llueve, pero mucho menos. Bajamos las ventanillas y empezamos a zampar lo que compramos en Gourbeyre. Inmediatamente se aproximan los pájaros, hasta pocos centímetros de mi mano, pero no se llevan ni una miga, que ya sabemos que no hay que alimentarles gratuitamente, eso es echarles a perder.
    El pasado jueves llegamos cinco minutos después de la última visita del parque arqueológico Roches Gravées. Esta vez llegamos con tiempo suficiente. La visita es guiada, en francés.

Parque Arqueológico Roches Gravées

    El Parque Arqueológico Roches Gravées está ubicado en un anfiteatro natural formado por un acantilado de antiguos flujos de lava volcánica de hace 87000 años. Sobre estos bloques de lava, distribuidos en un terreno de aproximadamente una hectárea, es donde los amerindios grabaron sus dibujos. Concretamente, veintinueve rocas con ochenta y ocho figuras, aisladas o agrupadas.

¿Tú ves algo aquí?

   Los primeros registros escritos de la existencia de estos petroglifos datan de de 1817 y son de un tal Félix Longin. El presidente de la Société Historique de la Guadeloupe compró en 1972 y 1973 el terreno que actualmente constituye el Parque Arqueológico de Roches Gravées con la idea de protegerlo. El parque fue inaugurado por Edgar Clerc el 28 de junio de 1975. En 1981, la Société Historique lo donó al Consejo General, responsable actual de su gestión y apertura al público. El terremoto de 2004 afectó particularmente a la comuna de Trois-Rivieres y el Consejo General aprovechó el dinero de las ayudas para la reconstrucción para rehabilitar Roches Gravées. Un estudio encargado a un laboratorio concluyó que era mejor dejar los petroglifos como estaban, sin ningún tipo de limpieza, porque se podrían dañar.

Grabado amerindio

   Si te digo la verdad, cuesta distinguir los grabados en las piedras, en alguno se reconoce unas líneas que parecen caricaturas de chavales con inquietudes artísticas, pero los entendidos dicen que estos grabados se caracterizan por su gran complejidad, elaboradas composiciones, huella de su pensamiento simbólico, realizadas en este lugar porque, seguramente, los amerindios lo consideraban favorable para la comunicación con sus dioses imaginarios que ordenaban la naturaleza y el universo.
Dibujos esquemáticos de los grabados
    Los temas representados son esencialmente figuras esquemáticas, caras solas o cuerpos alargados sin extremidades, figuras geométricas marcadas con varias X que quizá representen a fallecidos envueltos en algún ropaje. Las caras a veces son simples y en otras ocasiones más elaboradas, con boca, nariz, orejas bien desarrolladas, dibujos en la cara y tocados. También hay representaciones de animales y seres humanos donde el cuerpo y las extremidades se marcan mediante líneas muy simples.
    No se ha podido aplicar la técnica del carbono catorce para datar los grabados porque no hay restos de pintura. Varios arqueólogos han intentado comparar los dibujos de los grabados con los pintados en las cerámicas de los amerindios de la cultura Saladoide, aunque las conclusiones no fueron definitivas, se cree que los petroglifos fueron realizados entre el año 300 y 800 de nuestra era.
    Durante el recorrido, la guía nos enseña algunas plantas que los amerindios utilizaban en su vida cotidiana como el árbol de la calabaza, el árbol del cacao, yuca, el vetiver, el arbusto del achiote, etc.


    A la vuelta, hemos parado de nuevo en el mercadillo a las afueras de Gourbeyre para comprar más pasteles y buñuelos de bacalao, que están súper buenos. Vamos a tener que aprender a cocinarlos "nosotros", pero Arantza dice que no, que tienen mucho aceite y atocinan, que estos excesos solo se hacen de vacaciones. En casa verduritas, cosas a la plancha y agua. Al pasar por Basse Terre todo estaba cerrado, parece una ciudad fantasma. ¿Pero dónde se mete la gente un sábado por la tarde?

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