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Guadalupe 2019

3 de diciembre, Sainte-Anne 11 de diciembre, Zoo Parc des Mamelles
4 de diciembre, Sainte-Anne, Saint-François 12 de diciembre, Basse-Terre
5 de diciembre, Pointe-à-Pitre 13 de diciembre, Bouillante
6 de diciembre, Bois Jolan 14 de diciembre, Chutes de Carbet, Roches Gravées
7 de diciembre, Le Moule, Saint-François 15 de diciembre, Grande Anse, Malendure
8 de diciembre, La Porte d'Enfer, Anse Bertrand, Petit-Canal 16 de diciembre, Bouillante
9 de diciembre, Museo Edgar Clerc, Morne-à-l'Eau Datos económicos
10 de diciembre, Deshaies

11 de diciembre, miércoles

    Ha llovido mucho durante la noche, una chaparradas impresionantes; o igual es que los tejados de chapa amplifican el redoble de la lluvia.
    Un mosquito va derecho hacia mí, pero se da de morros contra la mosquitera. Retrocede y lo intenta de nuevo. Le falta inteligencia para buscar los agujeros adecuados. La mosquitera es incómoda, pero muy eficaz para evitar las picaduras; este año Guadalupe sufre una epidemia de dengue como hace tiempo que no se recordaba, trescientos casos a la semana, una barbaridad. Hasta ahora se han librado las comunas de Basse-Terre, Trois Rivieres, Gourbeyre y Baillif, donde aún no se ha dado ningún caso. Como en esta casa todo está hecho de sobrantes, sucede que la mosquitera es más pequeña que la cama, así que hay que apañárselas para que la redecilla no se te pegue al cuerpo porque entonces los mosquitos lo tendrían muy fácil para hacer las extracciones. Yo la paso por debajo de la almohada y así queda tirante y alejada de mi piel. Por ahora no me va mal, que yo sepa, no me ha picado ninguno.
    El vecino de la esquina hoy no ha puesto música, no estará. La tele dice que ya llevan recaudados sesenta mil euros en el teletón; poca pasta para trincar. La tele actualidad dice que el desempleo en Guadalupe es el más alto de todo el Caribe.
    A las diez, a pesar de la lluvia, salimos hacia el zoo Parc des Mamelles. Digo yo que en algún momento parará. Justo después de pagar la entrada, cuando estamos a punto de cruzar el estanque de los peces, cae una tromba de agua tremenda. Buscamos un paraguas en la tienda del zoo, pero no los venden, ya ves.
Mapache o ratón lavador
Mientras esperamos a que escampe, descubrimos en el mapa del zoo, que cada cincuenta metros hay refugios para la lluvia, bien pensado. Salimos rápidos hacia el primer refugio, pero tampoco demasiado rápido, que no me fio del suelo de madera, con el agua, puede resbalar. El refugio cae justo enfrente de una de las principales atracciones: el mapache o ratón lavador (Procyon lotor). Este bicho se pasa el día lavándose las manos y la comida que ingiere. ¿Y a santo de qué tanta limpieza? Veamos si el cartelito nos descubre el misterio: "Originario de América, esta especie se introdujo en el siglo dieciocho en las Indias Occidentales. En francés se llama ratón lavador, por la costumbre de remojar sus alimentos en agua antes de comérselos. Es un merodeador vivo y travieso, principalmente nocturno, que sube con facilidad a los árboles gracias a sus dedos ágiles y sus garras afiladas. Hoy, su principal amenaza es el hombre, que lo caza porque lo considera un animal nocivo o bien para domesticarlo. En la Lista Roja de Especies Amenazadas aparece como LC (Least Concern) o bajo riesgo. El mapache está protegido en Guadalupe por el Decreto del 17 de febrero de 1989". La wikipedia dice que suele lavar las ranas que segregan el veneno a través de la piel. Poco más.
    Aquí van algunos de los animales que se ven en el zoo: la mangosta de java (Herpestes javanicus), el panda rojo (Ailurus fulgens fulgens), el murciélago frugívoro de Jamaica (Artibeus jamaicensis), el mono araña de cara roja (Ateles paniscus), el mono ardilla (Saimiri sciureus), el sakí cariblanco (Pithecia pithecia), iguanas, la tortuga caimán (Macrochelys temminckii), la tortuga terrestre de patas rojas (Chelonoidis carbonaria), la tortuga gigante de las Seychelles (Aldabrachelys gigantea), el pájaro platanero (Coereba flaveola), el tucán toco (Ramphastos toco), el guacamayo azulamarillo (Ara ararauna), el guacamayo rojo (Ara macao), la paloma isleña (Columba squamosa), insectos palo, escolopendras, la anaconda verde (Eunectes murinus), el sapo de la caña (Rhinella marina), la paloma perdiz (Geotrygon montana), el lagarto overo (Tupinambis teguixin), el geco cola de nabo (Thecadactylus rapicauda), la boa constrictor (Boa constrictor imperator), el coatí de cola anillada (Nasua nasua), el jaguar negro (Panthera onca), el puma (Puma concolor)...

Haciendo migas con un primo mío muy lejano: el mono araña de cara roja en el Parc des Mamelles

    A las doce alimentan a los animales, nos vamos donde el jaguar, que nos queda cerca. Vaya desilusión, yo esperaba que le dieran una pata de cordero por lo menos, pero no, la comida consiste en apenas cien gramos de carne cortada en pedacitos minúsculos, encima le echa un pedacito allí, otro allá, para que se entretenga buscándolos, así hace ejercicio. El hombre se explaya durante casi media hora sobre las maravillas de esta bestia, pero en francés y como encima no estamos en primera fila, pues nos quedamos tan solo con unas pocas cosas de lo que ha dicho. Otro día las transcribo, que lo he grabado.
    Un cartel nos informa que desde 1970 a 2010 la población animal del planeta, excluyendo a los humanos, ha disminuido en un cincuenta y dos por ciento. Poco me parece. En los ríos Cerratón y Oca de Burgos, en los que yo pescaba de pequeño, había de todo y en abundancia: truchas quileras, barbos, piscardos, cardúmenes de loinas que recorrían el río de arriba abajo, cangrejos, culebras, ratas de agua, musarañas, ranas, etc. Ahora, el caudal se ha dividido por tres y no quedan ni las ratas.
    Son las cuatro y media cuando salimos, cruzamos la carretera con intención de comer en el restaurante de enfrente, L’Etoile. A pesar de que el cartel de la puerta dice que cierran a las cinco, nos encontramos a una señora con la fregona en la mano que desde lejos nos hace señas de que no pasemos, que está cerrado coño y además, acaba de fregar el suelo. Vaya gaita, nos ha sentado muy mal. Si cierran a las cinco pues cierran a las cinco; un poco de seriedad, señora. No pedimos explicaciones, ¿para qué?
    Al ir hacia nuestro coche, una chica extremadamente delgada, de pelo largo y raya en el medio que apenas deja ver la cara, le pregunta a Arantza, con un hilillo de voz, que hacia dónde vamos. Nos pide que la llevemos hacia el oeste, que quiere tomar un autobús. Es francesa y viaja por su cuenta, de mochilera, quiere que le llevemos hasta la próxima estación o parada de autobuses y eso hacemos.
    De paso hacia nuestro alojamiento paramos junto al puesto de fruta de la carretera y compramos un buen corosol, que ayer me comí el otro, estupendo, por cierto. Sigue lloviendo y es que no para, hoy apenas hemos visto el sol unos pocos minutos.

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