Otros viajes

República Árabe de Egipto 2006

7 de abril, Asuán 13 de abril, Edfu, Kom Ombo
8 de abril, Asuán, Kom Ombo14 de abril, Abu Simbel, Philae, Asuán, El Cairo
9 de abril, Edfu, Esna 15 de abril, El Cairo
10 de abril, Luxor, Valle de los Reyes, Medinet Habu16 de abril, El Cairo
11 de abril, Dendera 17 de abril, El Cairo
12 de abril, Esna

15 de abril, sábado

    Por fin, llegó el día de visitar las ansiadas pirámides de Guiza. Desde la autopista y a pesar de la calima se divisan desde muy lejos. Es difícil imaginar un paisaje más icónico, el más grandioso homenaje a la ambición humana. Ahí están, desafiando al tiempo, el símbolo de la eternidad. Impresionan desde lejos y según te vas acercando te vas dando cuanta de la magnitud de esos monstruos de piedra. No son las únicas, en la orilla oeste del Nilo hay más de cien, pero sí las más famosas. Pronto se verán rodeadas por completo de urbanizaciones, ahora solo tienen respiro por el sur y al este, un palmeral sirve de sordina al ruido de la autopista. El Nilo se encuentra a unos ocho kilómetros pero cuando se construyeron estaba mucho más cerca, seguramente durante los ejarbes las pirámides se reflejaban en el agua.
Pirámide de Kefrén (2550 AEC)
    La Gran Piramide de Keops se eleva casi hasta los cien metros y su construcción duró menos de lo que me imaginaba, solo veinte años; en origen estaba enteramente cubierta de piedra caliza, de la que tan solo queda un penacho en su cumbrera. No se sabe quién fue el arquitecto, pero en una cueva cercana al mar Rojo se ha encontrado un antiguo papiro de hace 4500 años en el que un hombre llamado Merer escribió su diario, y qué casualidad, resultó ser unos de los capataces de obra de la Gran Pirámide y encima dejó por escrito y detalladamente cómo se construyó esta maravilla.
    La entrada a la Gran Piramide de Keops se limita a ciento diez personas al día, así que nos contentamos con visitar la de su hijo, Kefrén. Entramos por una galería donde se avanza agachado y encima, a medio camino no hay iluminación, todo negro, será para darle más emoción. Hay gente que después de recorrer apenas tres metros se da media vuelta, son gente aprensiva, natural, una serpiente, una rata, las pisas y ya te han dado el día. Dentro hace calor. En la cámara funeraria encontramos un sencillo sarcófago poco atractivo. La visita me parece prescindible pero una vez que estás aquí, ya sabes, no todos los días tienes la oportunidad de penetrar en una pirámide.
   Según Yasser, los burros, con su afición a caerse en los pozos, han descubierto más tesoros que los arqueólogos.
    Visitamos el museo de la barca de la pirámide de Keops. Es alucinante, al lado de la pirámide de Keops encontraron dos barcas desmontadas, nada menos que de 44 m de larga. ¿Y para qué entierran una barca de estas dimensiones? Pues no te lo pierdas, son para que el alma del faraón navegue por las rutas celestiales. La barca se muestra montada en el museo y vale la pena verla, tardaron 10 años en montarla.
    Nos subimos a un pequeño montículo para hacer unas fotos. Me quedo asombrado al descubrir en el suelo un profundo pozo de metro y medio de diámetro sin ningún tipo de protección ni señalización, vamos, que tienes un despiste y te matas. Incomprensible.
    Se ha calculado que si la pirámide de Keops se construyó en veinte años el ritmo de colocación de bloques fue de uno cada dos minutos.
   Cerca de las pirámides también se encuentra la Esfinge, 2500 AEC, que dicen que es el retrato del faraón Kefrén. Originalmente estaba pintada en rojo y azul.
    Al lado de las pirámides están montando un inmenso escenario para la representación de Aida, de Verdi. Esta ópera se estrenó en El Cairo en 1871 y tiene que ponerte el vello de punta escuchar la Marcha Triunfal del II acto con las tres pirámides de fondo.
    La tarde la tenemos libre pero hemos preferido contratar una excursión para ver El Cairo desde el bús, el recorrido pasa por el barrio de los fatimitas, el mercado de Moski, la ciudad de los muertos, etc. El ajetreo nocturno de algunos barrios comerciales es apabullante, existen calles enteras dedicadas a la venta de teléfonos móviles, en otras venden solo electrodomésticos, etc. Todas las aceras y el centro de la calle está tomado, el maremagnum de personas y tráfico es tremendo. Desde el autobús se está a salvo de esa inmensa vorágine, pero es como verlo por la televisión, lo ves pero no lo vives. Visitamos también la Madrasa de Barkuk.
    Paramos en una tienda de zumos naturales para tomar un zumo de fagfagima, mezcla de mango, guayaba y fresa. Luego damos una vuelta nocturna en falúa, muy corta, porque apenas se mueve, no hay viento.
    Por cierto, a quien le guste la comida de la India, el restaurante del hotel-palacio Mena House está considerado como uno de los mejores del mundo, así que ya sabéis.
    El recorrido nocturno por El Cairo no ha estado mal, pero he echado en falta esa tensión que sientes cuando viajas por tu cuenta y riesgo; es mucho más divertido y las neuronas trabajan más. Ni comparación.

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