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República de Chile 2018

23 de noviembre, Santiago 2 de diciembre, El Calafate, glaciar Perito Moreno
24 de noviembre, San Pedro de Atacama, Valle de la Luna 3 de diciembre, El Calafate, Puerto Natales
25 de noviembre, Toconao, lagunas Chaxa, Miscanti y Miñiques 4 de diciembre, Milodón, Torres del Paine, lago Grey
26 de noviembre, San Pedro, géiseres del Tatio 5 de diciembre, Balmaceda, Serrano, Punta Arenas
27 de noviembre, San Pedro, Pucará de Quitor, Santiago 6 de diciembre, Punta Arenas, Santiago
28 de noviembre, Puerto Varas, Llanquihue, Frutillar 7 de diciembre, Santiago
29 de noviembre, Llanquihue, Chacao, Dalcahue, Castro 8 de diciembre, Santiago, Valparaíso
30 de noviembre, Ancud, Caulín, Puñihuil, Puerto Montt 9 de diciembre, Valparaíso, Santiago
1 de diciembre, Puerto Montt, Punta Arenas, Puerto Natales 10 de diciembre, Santiago
Datos económicos

24 de noviembre, sábado

    El desayuno en el hotel City Express cercano al aeropuerto de Santiago empieza a las cuatro de la mañana, muy conveniente para los vuelos tempraneros. Hoy nos marchamos al desierto de Atacama, uno de los más secos del mundo, situado a 2500 metros de altitud, que se dice pronto. El traslado desde el hotel al aeropuerto lo hacemos en una buseta cortesía del hotel. Como las busetas salen a las horas en punto y nuestro avión sale a las ocho, tomamos la de las seis. Si se llena no hay problema, ponen otra inmediatamente. Nuestro avión sale de Santiago a las ocho y dos horas después aterrizamos en Calama y recogemos1 el coche reservado con Econorent, un Citroën C3 con muy pocos kilómetros y en aparente perfecto estado.
    Sobrecoge la áridez de este desierto. Las gafas de sol son imprescindibles, el desierto de Atacama es el punto del planeta que recibe los más altos niveles radiación solar. Y yo he venido sin mis cubregafas de sol; preparé mi maleta muy rápido y no las encontré, así que durante toda mi estancia en este desierto tendré los ojos muy perjudicados, siempre fruncidos y medio cerrados. Menos mal que en la bolsa-botiquín que siempre prepara mi mujer en todos los viajes hay colirio que me ayuda a aliviarlos. Pasamos un parque de aerogeneradores y en el desvío hacia la Laguna Escondida nos detenemos unos minutos para examinar varias grutas o animitas, así le llaman a unos pequeños templos o altares que recuerdan a fallecidos en accidentes de tráfico. Se ven por todo el país y de todos los tamaños. Suelen estar llenos de flores y muchas veces con botellas de cerveza, lo que le gustaba al difunto.
    Poco antes de llegar a San Pedro de Atacama hay un punto de vista panorámico sobre la Cordillera de la Sal donde todos los turistas paramos. Sirve de pequeño entremés para lo que después veremos en el Valle de la Luna. La magnífica carretera de asfalto que nos ha traído hasta aquí se transforma en tierra cuando entramos en San Pedro, algo más común en Chile que lo que uno podría pensar. San Pedro es un pueblo realmente pintoresco, todas sus casas son de planta baja y muchas fachadas son del mismo color que la tierra.

La calle Caracoles de San Pedro de Atacama


    Nuestro hotel, el Lodge Quelana, se encuentra a tres kilómetros al sur de San Pedro de Atacama. La manera más corta de llegar a él pasa por atajar a través de un tramo arenoso de apenas cincuenta metros que no figura en ninguno de los tres navegadores que llevamos (Garmin, maps.me y google maps), así que los navegadores nos llevan al hotel dando un rodeo mucho más largo.
    Después de dejar nuestro equipaje en el hotel, volvemos a San Pedro a comer. Escogemos Adobe, en la calle Caracoles, la principal. Este restaurante es muy agradable, es amplio y la comida muy bien preparada y presentada; lo malo es que una vez sentados aparece un grupo musical de esos que soplan la zampoña y se ponen casi al lado. El volumen es tal que tengo que alzar la voz para entenderme con mi mujer. Las flautas me trepanan el cerebro. No sé porqué utilizan amplificadores en un local tan pequeño. La próxima vez escogeremos mesa más lejos del "escenario". El camarero nos trae la cuenta con la propina ya incluida, nada menos que un diez por ciento, así cumplen con el artículo 64 de la ley 20.918 que dice: "Los establecimientos que atienden al público por un garzón deben sugerir en cada cuenta de consumo al menos un 10% del valor, destinado a una propina, la cual debe ser pagada por el cliente, a menos de que él manifieste lo contrario". Ante el vicio de pedir, la virtud de no dar. A ver, garzón, cóbrenos la comida pero sin incluir la propina, que ya dejaremos nosotros lo que nos parezca. Otra curiosa manía es la quedarse con la cuenta; a mí me gusta guardarlas para saber lo que he comido y el nombre del restaurante, pero se la llevan, incluso cuando la pides, algunas veces te traen una hojita con el importe total en vez de la cuenta desglosada.
    San Pedro está repleto de tiendas de recuerdos y artesanías de todo tipo y calidad. Visitamos el centro de artesanías Mercado Blanco, aún en construcción; solo unas pocas tiendas han abierto: la Librería del Desierto, Jaguart (joyas), Chile Ancestral (artesanías de madera y textiles). Las demás tiendas aún las andan montando. Dos cajeros automáticos del banco Santander nuevecitos esperan a ser conectados. En un pequeño supermercado compramos una garrafa de seis litros de agua. La hidratación es vital en un lugar tan seco.

El anfiteatro del Valle de la Luna, visto desde la Duna Mayor

    Ahora nos dirigimos al Valle de la Luna, un paraje desértico trece kilómetros al oeste de San Pedro de Atacama. El ingreso está administrado por la CONAF (Corporación Nacional Forestal), en la entrada hay un pequeño museo con abundantes explicaciones: el clima es desértico de altura, con una oscilación térmica entre el día y la noche de unos dieciocho grados centígrados. Este valle ha sido modelado durante miles de años por el agua y el viento, la belleza escénica de sus colores térreos, el silencio absoluto y la escasez de flora y fauna, A pesar de que la pluviometría es casi nula —en noviembre, por ejemplo, es de un milímetro—, la vida también se da: se pueden ver matas de pingo-pingo, o agrupaciones del arbusto cachiyuyo que crece milagrosamente a pesar de la escasez de agua. Entre los escasos animales se encuentra la lagartija de Fabián, endémica de esta zona. La carretera termina justo al lado de una escultura rocosa conocida como Las Tres Marías, el escultor ha sido el viento. De regreso hacemos una parada para subir a la Duna Mayor; es típico ver la puesta de sol desde esta loma.
    Estamos viendo que las bicicletas es un medio de transporte muy utilizado, sobre todo, por la gente joven. Si tienes pensado moverte en bicicleta ten en cuenta que estamos a 2500 m de altitud. El viento tambien
Aparcamiento de bicicletas en el arranque de la subida hacia
la Duna Mayor en el Valle de la Luna
es muy frecuente en todo el valle, y si sopla en contra, la arena te puede golpear en la cara como si fuesen perdigones... Además de que tragarás mucho polvo de los vehículos a motor y de los pequeños tornados, que se ven muy bien desde cualquier atalaya. De hecho, el persistente viento es el responsable de esculpir algunas de las formaciones rocosas más conocidas del Valle de la Luna, como Las Tres Marías. Pero parece que todos estos inconvenientes no amilanan para nada a los veinteañeros, a juzgar por las decenas de bicis que observamos en los aparcamientos de bicicletas distribuidos por el valle.
    Por la noche escuchamos desde nuestro hotel, a lo lejos, en San Pedro, una algarabía del demonio, hay fuegos artificiales y música; fue buena idea escoger un alojamiento alejado del pueblo. Al menos, podremos dormir.

    Nota 1: En Chile, coger no es follar, ni recoger es refollar. En Chile nadie dice coger en el sentido del acto sexual, ni en el sentido de agarrar. Suena raro en los dos sentidos. Casi no se usa, y las raras veces que se usa, es con el sentido del acto sexual, pero como una parodia de imitación de los argentinos.

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