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República de Chile 2018

23 de noviembre, Santiago 2 de diciembre, El Calafate, glaciar Perito Moreno
24 de noviembre, San Pedro de Atacama, Valle de la Luna 3 de diciembre, El Calafate, Puerto Natales
25 de noviembre, Toconao, lagunas Chaxa, Miscanti y Miñiques 4 de diciembre, Milodón, Torres del Paine, lago Grey
26 de noviembre, San Pedro, géiseres del Tatio 5 de diciembre, Balmaceda, Serrano, Punta Arenas
27 de noviembre, San Pedro, Pucará de Quitor, Santiago 6 de diciembre, Punta Arenas, Santiago
28 de noviembre, Puerto Varas, Llanquihue, Frutillar 7 de diciembre, Santiago
29 de noviembre, Llanquihue, Chacao, Dalcahue, Castro 8 de diciembre, Santiago, Valparaíso
30 de noviembre, Ancud, Caulín, Puñihuil, Puerto Montt 9 de diciembre, Valparaíso, Santiago
1 de diciembre, Puerto Montt, Punta Arenas, Puerto Natales 10 de diciembre, Santiago
Datos económicos

6 de diciembre, jueves

    Nuestro avión hacia Santiago sale a las doce, así que pedimos un taxi en el hostal para trasladarnos al aeropuerto y nos remiten a su taxista habitual. Como aún queda una hora hasta que el taxi nos recoja, damos un paseo por los alrededores. En el supermercado Unimarc compramos algo de agua. A las diez y cuarto nos recoge el taxi del hostal. El taxista nos cuenta que está encantado con su vida en Punta Arenas; siempre que visita Santiago, por cuestiones médicas, se escapa enseguida, no soporta ese ritmo de vida, ese gentío que inunda las calles. Hasta en la tele lo dijeron: en 2017, la Cámara de la Construcción y la Universidad Católica analizaron noventa y tres comunas con más de cincuenta mil habitantes y midieron parámetros como vivienda, entorno, conectividad, movilidad, salud, medio ambiente, condiciones laborales y socioculturales y facilidad para los negocios y concluyeron que Punta Arenas era la ciudad con mejor calidad de vida. Y nos lo creemos, lo poco que hemos visto nos ha gustado mucho, la ciudad es completamente plana y cuadriculada, de fácil orientación, con calles y aceras de dimensiones generosas, muy limpias, con muchos parques y zonas verdes y las casas son de una sola planta, tiene costanera, playa, carril para bicis, museos, institutos, universidades, centros de investigación, etc. Y en cuanto al clima, es seguro que se suda poco: la temperatura máxima media oscila entre los quince grados de enero y los cuatro de julio, y las mínimas entre siete grados y menos uno.
Aguabenditera de la iglesia de
San Francisco, Santiago
    Aterrizamos en Santiago a las tres y veinte. Para trasladarnos al hotel Mercure, en el centro de Santiago, elegimos una minivan de la compañía TransVip, más barata que los taxis oficiales, pero como es un transporte compartido que va dejando a los clientes en sus destinos, tarda mucho más, así que un trayecto que, si fuera directo, no debiera demorar más de quince minutos se ha convertido en cuarenta y cinco.
    El hotel Mercure no puede ser más céntrico, permite ir andando a la mayor parte de las atracciones de Santiago y la estación de metro Santa Lucía queda al lado. También tiene su lado negativo: la calle Libertador Bernardo O'Higgins lo mismo vale para celebrar una manifestación que un desfile de Navidad, en ambos casos se corta el tráfico, y si coincide que debes tomar un taxi para marchar hacia el aeropuerto puedes verte acarreando maletas entre gases lacrimógenos o rodeado de una muchedumbre que no te deja avanzar.
    Dejamos el equipaje en la habitación y salimos. Paseamos por las calles peatonales, abarrotadas de gente, hasta la plaza de Armas. Aquí hay que andarse con cuidado, a pesar de que nosotros no percibimos ningún peligro, varios chilenos nos han advertido de que es un foco de delincuencia, venta de droga y prostitución a la luz del día. Los chilenos están muy indignados con los extranjeros, les culpan de todos los males del país y están convencidos de que los extranjeros disfrutan de más privilegios que los propios chilenos. Para muchos, extranjero, sobre todo si son venezolanos, haitianos y colombianos, es sinónimo de delincuente. Los peruanos tienen mejor prensa; los datos del gobierno confirman que superan a los chilenos en nivel de estudios; muchas peruanas que trabajan como empleadas domésticas poseen títulos universitarios, pero los chilenos creen lo que quieren creer y no están dispuestos a que la realidad modifique sus prejuicios.
    Los chilenos son muy clasistas, católicos, machistas y discriminan en función del color de piel y el dinero que tengas. Lo normal, vaya. Durante el primer gobierno del derechista Sebastián Piñera. A Chile no le fue mal, pero su clase media es muy débil, no acaba de ser solida.
    Después visitamos la tétrica iglesia de San Francisco, que es la construcción más antigua de Santiago, data de 1618, y fue levantada por los indígenas dirigidos por los frailes. La actual torre del reloj se construyó en 1857 y es ya la cuarta, las anteriores fueron destruidas por terremotos. En el convento aledaño se emplaza el museo; se inauguró en 1623 y contiene pinturas del período colonial, es decir, del período de dominación española (1598-1810). Los cuadros se pintaban al óleo sobre caballete con escenas similares a una obra de teatro y muchos contrastes de luces y sombras; las partes oscuras representan lo terrenal y las más luminosas lo celestial. Los pintores tenían "horror vacui" cuanto más lleno, más bonito era el cuadro (entonces en Europa triunfaba el Barroco), así que no era raro que el cuadro representara varias escenas religiosas diferentes. Todas las obras cuentan con unos medallones explicativos sobre la historia de la pintura. Los cuadros no están firmados porque son obras colectivas: los maestros, artistas europeos al principio, pintaban las partes difíciles y los aprendices hacían el resto.
    Un cartel a la entrada del museo anuncia que dentro de unos minutos, a las siete, se va a celebrar un concierto con música barroca y renacentista en el museo de Arte Colonial, aquí mismo, en las salas que albergan los cuadros, y encima gratuito. Nos quedamos. Tocan los grupos Ensamble Barroco La Constante y el grupo Amicus, que nos tocan composiciones del Renacimiento y Barroco, obras de Pepusch, Gottfried Finger, Lully, Rameau, Begniker y anónimos.

Concierto de música barroca en el museo de Arte Colonial

    Cuando regresamos hacia nuestro hotel por la O'Higgins observamos que los vendedores ambulantes recogen sus tenderetes a toda prisa y el señor del quiosco lleva una máscara antigás de un filtro, como las utilizadas en la segunda guerra mundial. Justo al lado del hotel Mercure divisamos varios autobuses blindados de los carabineros y más gente con máscaras de quirófano sobre la boca. Aquí se va a armar la gorda, pienso. Encontramos al portero de nuestro hotel tapando con tablas los cristales de la puerta de entrada; nos informa de que el mes pasado los pacos mataron en Ercilla a Camilo Catrillanca, un mapuche de veinticuatro años, y los testigos aseguran que fue un abuso de autoridad, que toda la escena fue grabada, pero ahora el video no aparece por ningún sitio y los mapuches han dicho que están hartos de que se les criminalice, que ustedes son no más que colonos, que ellos ya estaban aquí en Wallmapu. Han prometido que lo van a pagar caro, así que el Frente Clasista por la Educación ha convocado una marcha no autorizada en la plaza Baquedano, muy cerca de aquí. Nosotros, ante la perspectiva de que se produzcan disturbios violentos cambiamos de planes y cenamos en el hotel.

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