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República Argentina 2018

23 de noviembre, Santiago 2 de diciembre, El Calafate, glaciar Perito Moreno
24 de noviembre, San Pedro de Atacama, Valle de la Luna 3 de diciembre, El Calafate, Puerto Natales
25 de noviembre, Toconao, lagunas Chaxa, Miscanti y Miñiques 4 de diciembre, Milodón, Torres del Paine, lago Grey
26 de noviembre, San Pedro, géiseres del Tatio 5 de diciembre, Balmaceda, Serrano, Punta Arenas
27 de noviembre, San Pedro, Pucará de Quitor, Santiago 6 de diciembre, Punta Arenas, Santiago
28 de noviembre, Puerto Varas, Llanquihue, Frutillar 7 de diciembre, Santiago
29 de noviembre, Llanquihue, Chacao, Dalcahue, Castro 8 de diciembre, Santiago, Valparaíso
30 de noviembre, Ancud, Caulín, Puñihuil, Puerto Montt 9 de diciembre, Valparaíso, Santiago
1 de diciembre, Puerto Montt, Punta Arenas, Puerto Natales 10 de diciembre, Santiago
Datos económicos

2 de diciembre,lunes

    A las ocho menos diez ya estamos frente al paso fronterizo Dorotea. Aún no han llegado los aduaneros. Detrás nuestro llega un autobús de turistas europeos, menos mal; es importante llegar los primeros, cada autobús puede suponer un retraso de una hora. Todos los turistas tienen que rellenar unos papeles y pasar por ventanilla y eso lleva su tiempo. Nuestros trámites consisten en sellar los papeles del coche y los dos pasaportes, en dos ventanillas diferentes.

Nuestro coche frente al paso fronterizo Dorotea, camino de El Calafate

    Cinco kilómetros más allá nos espera la frontera argentina; los trámites son los mismos. Ya solo nos quedan 335 Km cuatro horas y diez minutos, según el navegador, para llegar a El Calafate, la antesala del Perito Moreno. Rectas interminables, llanuras El tráfico es bajísimo. La fauna local es el principal punto de interés durante el recorrido: guanacos, ñandúes, avutardas, vizcachas, aguiluchos y otras aves.
    Cruzamos la población carbonífera de Río Turbio, a ocho kilómetros de la frontera; viven de las minas de carbón y nos transmite una imagen de desolación, ni personas ni vehículos transitan por sus calles. Esta pequeña localidad anodina, de ocho mil habitantes, no gana para tragedias: en 2004 murieron catorce mineros en un incendio de una galería por errores graves en la seguridad y su historia reciente está llena de asesinatos, consecuencias de robos en domicilios o simples rencillas entre sujetos pendencieros. Se ve que el riguroso clima subpolar no sienta bien. Ahora mismo también se celebra un juicio por corrupción: la empresa Fainser, cuyo apoderado era Romina Mercado, sobrina de la ex presidenta argentina Cristina Kirchner, recibió cincuenta millones de pesos argentinos para realizar la readecuación de la calle de los Mineros en Río Turbio. Jamás se iniciaron las obras. Curiosamente, la empresa Fainser no se dedica al hormigón sino a los bienes de equipo (calderas, economizadores, etc.), o sea, a doblar chapas y soldar tubos. No nos detenemos.
    En La Esperanza intentamos rellenar el tanque de gasolina pero no admiten la tarjeta MasterCard, solo Visa. No importa, tenemos suficiente combustible. Ya encontraremos otra gasolinera.
    Nuestro plan era ir directamente al glaciar Perito Moreno, pero mi mujer se da cuenta de que una de las puertas traseras no cierra, lo que nos obliga a pasar antes por el hotel Mirador del Lago de Calafate a dejar las maletas. Aprovechamos la parada en El Calafate para sacar pesos argentinos en un cajero del banco Santander Río.

Paseo en el barco Southern Spirit por el lado norte del glaciar Perito Moreno

    El recepcionista de nuestro hotel nos informa de que el último barco que navega por el lado norte del glaciar Perito Moreno1 zarpa a las dos y media; puede que salgan más pero se necesitan diez personas como mínimo y eso no lo sabes hasta que llegas allí. Vamos con el tiempo justo, así que conduzco al límite de velocidad, pero sin excederme, que no queremos encuentros con la Policía. En esta carretera entre El Calafate y el Perito Moreno es donde veremos la mayor cantidad de animales muertos en la carretera, sobre todo vizcachas. A los aguiluchos y otros carroñeros no les falta el alimento. Paramos en la cabaña de acceso al parque. Dentro de la cabaña cinco chavales vestidos con uniforme, con greñas, de un aspecto ya trasnochado, setentero, ensimismados con la pantalla del celular, muy a lo suyo, haciendo bromas, sin dar golpe. Uno al menos nos cobra la entrada, con parsimonia, eso sí.
    Llegamos quince minutos antes del zarpe del barco desde el muelle Canal de los Témpanos. Hace un día magnífico, soleado, aunque cuando se levanta un poco de viento, se nota frío en el cuello. Tras una breve espera en cola para entrar al barco, zarpamos hacia el ventisquero. La singularidad de este glaciar no solo radica en sus treinta kilómetros de largo y su fácil acceso, sino también, en que es uno de los pocos que aún avanzan mientras la mayoría de los glaciares del mundo retroceden. Por seguridad, el paseo embarcado discurre paralelo al frente de hielo, muy alejado del frente del glaciar, quizá más de un kilómetro; la razón es que las escamas de hielo caen constantemente, generalmente trozos que desde la distancia parecen pequeños, aunque el ruido es importante y siempre con retardo dada la distancia. No solo se desprende hielo de la parte vista del glaciar, también el hielo sumergido.
    El mayor espectáculo se produce en el llamado Rompimiento, funciona así: el frente del glaciar avanza hasta que choca con tierra firme, taponando el trasvase de agua entre la parte norte y la sur. Con el tiempo, la presión que ejerce el agua contra el hielo aumenta y provoca un túnel en el glaciar por donde el agua pasa del sur al norte hasta que los niveles de agua se igualan; es un fenómeno que suele ocurrir allá por el mes de marzo, nadie sabe el día exacto, claro.
    Caminamos por el sistema de pasarelas de madera, muy cómodo.
    Mi mujer conduce de vuelta hacia El Calafate y atropella una pequeña vizcacha. Mientras no sean animales más grandes...
    La ciudad El Calafate toma su nombre de una baya apetecible, escasa. Envasada por distintas empresas locales, es posible adquirirla como suvenir o en la gastronomía en algunas presentaciones como salsa, mermelada y mezclada con otros productos, como miel.
    Cenamos en El Calafate. Hay mucha animación en la calle principal. Escogemos el restaurante asador La Parrilla. Como reclamo, en el escaparate muestran un estupendo cordero, grande, como de seis meses. El asador está lleno y tenemos que esperar, tiene un magnífico aspecto, todo forrado de madera; dentro se está bien calentito. Yo pido la especialidad, cordero, y mi mujer, ojo de bife. Ya tenía ganas de comer carne en Argentina, pero parece que no hemos dado con el lugar adecuado. Nos decepciona, quizá porque estamos acostumbrados a comer corderos mucho más jóvenes y más tiernos, sin embargo, los corderos de acá son mayores, de entre tres a seis meses. Quizá sea por esta razón, no lo sé, que nos resulte una carne tan dura y seca.

Nota 1: El nombre de Perito Moreno viene de Francisco Pascasio Moreno (1852-1919), argentino, perito de profesión, científico, explorador y aunque era de familia acaudalada se interesó por la gente desamparada y creó comedores escolares costeados por él vendiendo tierras que el gobierno argentino le regaló por su trabajo como perito de límites.

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