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República de Hungría 2019

14 de julio, Viena 25 de julio, Graz, Viena, Bratislava
15 de julio, Viena 26 de julio, Bratislava
16 de julio, Viena, Salzburgo 27 de julio, Bratislava
17 de julio, Salzburgo 28 de julio, Budapest
18 de julio, Salzburgo 29 de julio, Budapest
19 de julio, Innsbruck 30 de julio, Budapest
20 de julio, Innsbruck 31 de julio, Budapest
21 de julio, Mondsee, St. Wolfgang 1 de agosto, Budapest, Viena
22 de julio, Bach Ischl, Hallstatt 2 de agosto, Viena
23 de julio, Eisriesenwelt, Dachstein Krippenstein3 de agosto, Viena
24 de julio, Graz Datos económicos

29 de julio, lunes

   Al caminar hacia la Gran Sinagoga por las calles de Budapest nos quedamos asombrados ante el elevado número de locales de masaje tailandés; hubiera estado genial haber reservado algo de tiempo para gozar de un masaje Lingam, cuya técnica consiste en aplicar suaves caricias aceitosas en los muslos, pecho, pezones, testículos y pene.
Lian Thai Massage & Spa
El objetivo es lograr el placer a través de sucesivas erecciones sin llegar a la eyaculación... aunque podría pasar. El masaje Lingam te lo ofrecen con el adjetivo de terapéutico; yo dudo mucho que este masaje forme parte de las asignaturas de los cuatro años de la carrera de fisioterapeuta. Para las mujeres, el equivalente al masaje Lingam es el yónico: tras aplicar un lubricante se masajea los labios externos, luego los internos y a continuación el clítoris, siempre con movimientos primero en el sentido de las agujas del reloj y después, en dirección contraria mientras el dedo medio de la otra mano masajea el interior del Yoni. Cada masaje anda por los dieciocho mil forintos, o sea, cincuenta euros. A esta experiencia tántrica le veo una pega: ¿qué pasa con el dolor de huevos que provocan las múltiples erecciones sin resolver?
   Llegamos a la La Gran Sinagoga, lugar de culto a Yavé, al dios legendario de los judíos, ese que en el Viejo Testamento se autoproclama como un dios vengativo, tiránico, iracundo, administrador de pestes, diluvios y todo tipo de plagas (hasta de hemorroides, ver 1 Samuel 5:9); un ser cruel de composición química desconocida que tiene por lema "el que me la hace me la paga", y el "ojo por ojo y diente por diente". Curiosamente, a pesar de su tan cacareada omnipotencia, no pudo evitar el asesinato en masa de su pueblo elegido decretado por un chiflado austriaco, otro paradigma histórico de la irracionalidad humana.

Gran Sinagoga de Budapest

   En el exterior, llaman la atención las dos cúpulas en forma de cebollas diseñadas por Ludwig Förster; aportan a la sinagoga un aire oriental, como de mezquita; el diseño de las cúpulas tuvo tanto éxito que muchas sinagogas construidas después lo copiaron.
   Tras una corta espera en la cola, entramos. Parece que al Dios hebreo, un tal Yavé, le horroriza la exposición de ciertas partes del cuerpo femenino que Él mismo ha creado y que, curiosamente, se diría que después se arrepintió porque dentro de la sinagoga las mujeres deben cubrir brazos y muslos; a los hombres nos reparten un sombrerito redondo de papel que llaman kipá, obligatorio dentro de la sinagoga, seas o no judío. El sombrerito es una moda que surgió en la Edad Media para los hombres, como señal de respeto, como un reconocimiento de que Yavé está por encima de nosotros. Te puedes imaginar lo que dura un papelito redondo sobre la cabeza si no lo sujetas; algunos turistas aprovechan las horquillas de sus parejas para fijarlo, pero Arantza no gasta, así que es un engorro manejar la cámara, mirar el folleto, usar el teléfono para grabar las explicaciones de la guía, estar pendiente de mi sombrero que lo llevo sobre el pecho trabado malamente entre las correas de mi bandolera y la funda de la cámara y encima, hacer equilibrios para que la puñetera kipá no se me caiga cada vez que muevo la cabeza.
   Los españoles, hala, que nos sentemos allí a la izquierda, junto a la Rojigualda, y que esperemos a la guía. Observo banderitas del Reino Unido, Italia, Francia, Rusia, Israel, Hungría y Alemania. Esta última más sola que la una, huérfana de turistas. Se comprende.

Interior de la Gran Sinagoga neóloga de Budapest, decepcionante para muchos judíos ortodoxos porque se asemeja demasiado a una iglesia.

   Nuestra guía aparece puntual, la señora pasa de los setenta, habla un español perfecto y muestra una rigidez propia de una institutriz de internado. Veamos qué nos cuenta:
   "Nuestra sinagoga, que significa "casa de reunión", es la segunda más grande del mundo, solo superada por la de Nueva York; ahora bien, como sinagoga neóloga, esta es la mayor. La neología es un movimiento reformista que nació aquí, en Hungría, en la segunda mitad del siglo XIX, y que se permite ciertos cambios arquitectónicos y litúrgicos manteniendo, eso sí, los preceptos y la esencia de la religión judía.
   Las obras comenzaron en 1854 y se completaron en un tiempo récord de cinco años. Las primeras personas que la vieron dijeron que era la sinagoga "católica" más bonita del mundo. Su planta rectangular y la situación del órgano la asemejan a una iglesia católica; la explicación de este parecido es que los judíos de Budapest estaban muy integrados y aceptados por la sociedad mayoritaria cristiana y, prudentes ellos, no quisieron diferenciarse demasiado.
   Todos los edificios religiosos se orientan hacia un lugar especial, las aristas de las pirámides se orientan hacia los cuatro puntos cardinales, las mezquitas hacia La Meca, el altar mayor de las iglesias occidentales mira hacia el Este, al menos hasta el siglo XVI incluido, etc. En las sinagogas la pared oriental mira hacia Jerusalén y en esa pared se guarda, dentro de un arca y tras una cortina de terciopelo color burdeos, los rollos de la Torá, la enseñanza divina, que incluyen los primeros cinco libros de la Biblia (Génesis, Éxodo, Números y Deuteronomio), escritos a mano sobre un pergamino de piel de animal kosher, o sea, los que tienen pezuñas hendidas y rumian, como vacas, ovejas, cabras y ciervos. La Torá se saca para la lectura semanal y se coloca en la tribuna; una vez leída se vuelve a guardar. También es característico el farolillo rojo o Luz Eterna al lado del arca, que simboliza la eterna presencia divina; su luz no se apaga nunca, y en ambos lados, vean esos candelabros grandes de hierro forjado cubiertos de pan de oro de veintitrés quilates, con sus doce brazos.

Elementos característicos de esta sinagoga neóloga

   Hasta ahora he mencionado los elementos propios, obligatorios, de las sinagogas; ahora vamos a ver detalles nada habituales: nada más entrar les habrán llamado la atención los dos púlpitos y el órgano; en principio no hay sinagogas con púlpitos ni con órganos; todos los instrumentos musicales están prohibidos, porque después de la destrucción definitiva del segundo templo de Jerusalén por las legiones romanas del emperador Tito en el siglo I, año 70, los judíos estan de luto y por esta razón los judíos ortodoxos visten de negro y en las sinagogas está prohibida la música, pero siempre hay excepciones y nosotros aquí, ya ven, se toca el órgano incluso los sábados, día consagrado a Yavé, a pesar de que la Torá prohíbe trabajar en sábado y se considera trabajo todo lo que tenga que ver con el tacto; tocar el órgano es trabajo, pero ya ven, es una doble paradoja porque tenemos los púlpitos, que no deberían estar, y música que no se debería tocar, aunque esto último tiene truco porque el organista no es judío.
   El cambio arquitectónico más importante respecto a las sinagogas ortodoxas es la ubicacion de la mesita o altar, donde se produce la lectura de los rollos de la Torá; en las sinagogas ortodoxas se coloca en el medio, mientras que aquí se desplazó hacia la pared oriental para que se pareciese mas a una iglesia. Esta sinagoga tiene capacidad para tres mil personas: mil quinientas mujeres arriba y otros tantos hombres abajo. El origen histórico de esta segregación es la impureza menstrual.
   Según la tradición judía, los cementerios deben estar alejados de las sinagogas, sin embargo, en este jardín yacen enterrados más de dos mil judíos; para entender el porqué de esta rareza tenemos que conocer la historia del lugar que se la voy a contar enseguida, así que, por favor, salgan al patio y esperen junto a esa columna, que les voy a dar una charla sobre la parte exterior de la sinagoga.

Matanza de judíos en Hungría

   Acérquense un poquito a mí para así hacer un senderito y que puedan pasar los demás. Seguimos. Poco antes de la segunda guerra mundial, muchos judíos de Alemania y Austria, advirtieron que estaban perdiendo derechos como ciudadanos y optaron por refugiarse en Budapest. Se reunieron aquí más de doscientos mil judíos que vivieron en relativa calma casi hasta el final de la guerra. 1943 fue el comienzo del fin de Hitler y ya en 1944, la Wehrmacht pierde batallas en todos los frentes y sobre todo, ante la apisonadora soviética; no olviden que la guerra se ganó gracias a los soviéticos: en el frente occidental, donde luchaban los aliados, murieron poco más de doscientos mil alemanes y en el frente ruso más de dos millones y medio. Italia ya se había rendido y el líder húngaro Miklos Horthy, a pesar de que Hungría fue uno de los primeros países en formar una alianza con Alemania, decide que no quieren pertenecer de nuevo al bando de los perdedores e inicia conversaciones secretas con los aliados. Los alemanes descubren esta traición e inmediatamente invaden Hungría el veinte de marzo para evitar que los soviéticos avancen. Hitler cambia el gobierno húngaro por uno aún más afín: el Partido de la Cruz Flechada, los nazis húngaros, que implantan en Hungría un auténtico estado de terror desde el quince de octubre de 1944 hasta el veintiocho de marzo de 1945. Enseguida los judíos son obligados a llevar la estrella amarilla y comienzan las deportaciones, las últimas, más rápidas y más masivas de la historia europea, porque en el transcurso de cincuenta y seis días fueron deportados 437000 judíos, sobre todo de provincias, porque esta fue la primera fase, en la segunda fase igual les hubiese tocado a los budapesinos pero cuando llegó el verano de 1944, las deportaciones se suspendieron dado que había una protesta internacional bastante fuerte.
   Así que los judíos de Budapest pasan aquel verano en relativa tranquilidad, pero con la llegada del otoño los nazis retoman las deportaciones. En los últimos momentos de la guerra, Budapest está sitiada y los trenes no pueden salir, así que el ocho de noviembre de 1944 comenzó la Marcha de la Muerte: reunieron a setenta mil judíos de Budapest, en las fábricas de ladrillos de Újlak en Obuda, y les obligaron a caminar a pie hacia los campos de exterminio de Dachau en Alemania, Mauthausen en Austria y a Viena, donde fueron empleados en la construcción de fortificaciones. La marcha duró casi dos meses en uno de los inviernos más crudos que se han conocido. En realidad llegaron muy pocos, los que no murieron durante el trayecto a causa del frío, el cansancio y la escasa alimentación, sucumbieron después en los batallones de trabajo. Uno de los tres monumentos del jardín trata exactamente este tema, se titula "La marcha forzada" donde se representa a unas personas atadas caminando hacia un precipicio.

Gueto judío de Budapest

   Los nazis húngaros crearon en Budapest un gueto; aquí trasladaron a principios de diciembre a todos los judíos de Hungría que no tenían documentos de protección emitidos por un poder neutral. Entre diciembre de 1944 y mediados de enero de 1945, la Cruz Flechada sacó a veinte mil judíos del gueto, los llevó a las orillas del Danubio, los fusiló y arrojó sus cuerpos al río. Este fue el último gueto judío de la historia; cerró sus puertas cinco semanas antes de que terminase la guerra. Cuando el ejército soviético liberó Budapest, el trece de febrero de 1945, aún quedaban más de cien mil judíos en la ciudad y se encuentran aquí las escenas que luego verán en las imágines del museo fotógráfico: miles de judío muertos por el frio y el hambre. Se logró identificar a la mitad y dado el estado de descomposición de los cuerpos, se tomó la decisión de enterrarlos en el jardín de la sinagoga y así fue como 2281 de ellos yacen en veinticuatro fosas comunes. Había muchísimo más, pero fueron trasladados a otros cementerios.

Reconstrucción de la Gran Sinagoga

   Las bombas de los británicos, caídas sobre Budapest, alcanzaron la sinagoga y la dejaron en muy mal estado; en 1991 se inició su reconstrucción, pagada en un ochenta por ciento por el Estado y el resto por instituciones privadas y particulares como Estée Lauder que donó cinco millones de dólares. Las obras duraron cinco años y se aplicó pan de oro de veintitrés quilates, también se instaló aerotermia. Las arañas gigantes son de hierro forjado y cada una pesa mil doscientos quilos; la lámparas se pueden bajar por control remoto para cambiar cualquiera de sus ciento veinticuatro bombillas.
   Esa escultura tan espectacular del patio es el llamado Árbol de la vida, del escultor húngaro Imre Varga; representa un sauce llorón en cuyas hojas se han grabado los nombres de muchos judíos que fueron víctimas del holocausto húngaro. La escultura fue financiada por la fundación del actor Tony Curtis, cuyo padre era judío húngaro, emigrado a Estados Unidos. Cada inscripción cuesta quinientos euros.
   ¿Qué es lo que entendemos por el término holocausto? Antes de la segunda guerra mundial en Europa vivían nueve millones de judíos de los cuales fueron exterminados seis. En Hungría teníamos la tercera comunidad judía más grande de Europa, con ochocientos mil judíos, y Hitler delegó la tarea al Partido de la Cruz Flechada, que gobernó Hungría durante los últimos cinco meses y medio de la guerra y lograron exterminar a seiscientos mil; el resto salvó su vida gracias a personas como los trabajadores de cuerpos diplomáticos de España, Portugal, Suiza, Suecia y el Vaticano; algunos incluso sacrificaron su vida

Escultura el Árbol de la Vida en el patio de la Gran Sinagoga de Budapest

   Sobre un mármol negro se ha grabado la lista de esas personas de buen corazón que salvaron la vida de muchos judíos, entre ellas se encuentra el zaragozano y diplomático Ángel Sanz Briz, el llamado Ángel de Budapest, quien sobornando nazis, consiguió expedir más de doscientos salvoconductos a judíos de origen sefardí, es decir, a descendientes de los judíos expulsados por los Reyes Católicos, y se las arregló también para salvar a más de cinco mil doscientos —cuatro mil más que el famoso Oscar Schindler de la película La lista de Schindler—, repitiendo la numeración de los pasaportes. Primero refugió a judíos en la embajada de España y en su propia casa y cuando ya no cabían alquiló edificios para albergarlos.
   El patio trasero de la sinagoga está dedicado a Raoul Wallenberg, diplomático sueco que salvó a más de treinta mil judíos emitiendo pasaportes suecos falsos y buscando alojamientos seguros. Murió en una celda después de terminada la guerra, prisionero del ejército soviético, acusado de espía.
    —¿Por qué tantas piedritas en el cementerio?
    —No verán ustedes flores en los cementerios judíos —responde nuestra guía—. Nosotros dejamos piedritas porque las flores se marchitan y mueren mientras que las piedras perduran para siempre.

   La guía se despide y nos sugiere que sigamos la visita en el museo fotográfico, que cuenta la historia del gueto judío de Budapest. También nos recomienda ver el Museo del Holocausto, a dos kilómetros de esta sinagoga, en el número treinta y nueve de la calle Páva.

Mercado Central

   El Mercado Central de Budapest fue construido por el arquitecto húngaro Samu Pecz a finales del siglo XIX; en aquella época, el tejado, la iluminación y los almacenes frigoríficos se consideraron adelantados a su tiempo.

Puesto de comida en el Mercado Central de Budapest

   Se nos hace tarde para comer, así que subimos al piso superior, donde están los puestos de comida. En cuanto vemos el panorama lo descartamos por completo: es el paraíso de la comida basura, tan abarrotado de turistas que avanzamos con lentitud entre el escaso espacio que media entre los puestos de comida y unas diminutas mesas donde aguardan los turistas hambrientos. Son platos sencillos: mucha ensalada, salchichas de hígado, bocadillos, fritanga, falafel, etc. Comida recalentada en el microondas servida en platos de plástico y demasiados detalles antihigiénicos. Los precios no son nada contenidos y además, ¡cuidado!: cuando te pregunten si quieres rodajas de tomate, queso rallado, ketchup, mostaza, o caja de cartón a modo de bandeja, ten presente que son extras, que te pueden encarecer el plato una barbaridad. Y hay más: como se paga al recoger la comida, algunos puestos te incluyen en la factura una fianza por los vasos de cristal de las bebidas y como viene en perfecto húngaro apuesto a que no te enteres y no lo reclamas al final de la comida.
   El piso inferior está dedicado a tiendas de productos habituales en un mercado, Las charcuterías venden lo típico: chorizos, salchichas, morcillas, salchichones, mortadelas, jamón de York, panceta, etc., y jamón de cerdo mangálico, un tipo de cerdo húngaro que estuvo a punto de extinguirse en 1990. Cuando solo quedaban doscientos ejemplares, la empresa segoviana Monte Nevado se llevó unos cuantos a España e inició su cría salvándolos de la extinción; ahora hay unos sesenta mil cerdos mangalicos en Hungría. El Gobierno húngaro hasta los condecoró.
   Lo más interesante quizá sean las tiendas de frutas y verduras, que muestran algunos variedades de pimientos, melones y moras diferentes a las que se dan en España, y los puestos con productos locales típicos, seguramente destinados a los turístas, como chocolates, frutos secos, bebidas como el licor nacional Pálinka, latas de hígado de ganso, caviar Beluga, vino Tokaji, etc.

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