Otros viajes

República de Hungría 2019

14 de julio, Viena 25 de julio, Graz, Viena, Bratislava
15 de julio, Viena 26 de julio, Bratislava
16 de julio, Viena, Salzburgo 27 de julio, Bratislava
17 de julio, Salzburgo 28 de julio, Budapest
18 de julio, Salzburgo 29 de julio, Budapest
19 de julio, Innsbruck 30 de julio, Budapest
20 de julio, Innsbruck 31 de julio, Budapest
21 de julio, Mondsee, St. Wolfgang 1 de agosto, Budapest, Viena
22 de julio, Bach Ischl, Hallstatt 2 de agosto, Viena
23 de julio, Eisriesenwelt, Dachstein Krippenstein 3 de agosto, Viena
24 de julio, Graz Datos económicos

28 de julio, domingo

   Cuando llegamos el pasado jueves a la estación principal (hl.st = hlavná stanica) de Bratislava tomamos un taxi, un Mercedes amarillo de la empresa Brela s.r.o., para que nos llevase a nuestro hotel, el Marriol's Boutique. El taxista nos clavó veinticinco euros. El propio ticket decía la distancia recorrida, 2,3 Km, y la hora, las 19:39. Hoy hacemos el camino inverso, pero esta vez con Über, y nos sale ¡cuatro euros! Estáis avisados.
   Todos los trenes que hemos utilizado en este viaje por Austria, Eslovaquia y Hungría han sido muy cómodos, con mesa entre los asientos, y económicos, si se reserva con antelación porque las tarifas son contenidas, tan contenidas como la velocidad, no creo que hayamos pasado nunca de los cien kilómetros por hora.
   Llegamos a la estación Nyugati de Budapest, esta vez puntuales. Nos separan tres kilómetros hasta nuestro hotel, el Eurostars Center. Primero compramos una tarjeta de transporte para tres días e intentamos bajar hacia el metro, pero vemos un aviso dice que el tramo hacia nuestro hotel está en obras, así que tomamos un autobús, que también nos deja muy cerca del hotel.
    La primera impresión de Budapest no es buena, la ciudad parece congestionada por el tráfico, los humos de los coches hacen poco agradable caminar por las aceras y el ruido es ensordecedor y se echa de menos parques o jardines.
    Dejamos las maletas en el hotel y nos vamos a comer, que es tarde. Escogemos el restaurante Károlyi, muy tranquilo y agradable porque su terraza da al pequeño jardín Károlyi, un remanso de paz en esta ajetreada ciudad. La carta con fotos de los platos ayuda a elegir porque, como es habitual en Europa, los ingredientes de cada plato no se detallan. El camarero nos da la opción de comer en la terraza exterior, bajo el toldo, pero el cielo amenaza lluvia y, efectivamente, antes de que nos sirvan cae una tromba de agua con mucho viento que baja mucho la temperatura. Sobre una columna, una foto del británico Norman Stone, muy jovencito, este historiador vivió varios años en Budapest y este era su restaurante favorito. Aquí comía con líderes políticos e intelectuales y escribió el libro Hungary: A Short History. Acaba de fallecer el mes pasado.

Mercado Central de Budapest

   Tras quitar del hambre, nos dirigimos hacia la calle Váci, una de las más importantes. La sección norte de la calle es peatonal desde 1964 y el tramo sur desde 1996. Casi todos los edificios se construyeron entre 1805 y 1990. Aquí encuentras comercios de marcas internacionales de ropa, joyas, ópticas, zapaterías, pastelerías, artículos de recuerdos, restaurantes de comida rápida y hoteles; nada particularmente interesante. El edificio más antiguo de esta calle es el número trece y data de 1805. Esta calle desemboca en la plaza Fovam, enfrente el Mercado Central, hoy cerrado.
   Durante la segunda guerra mundial llovieron bombas alemanas sobre Budapest como si fuera granizo. Cuando los soviéticos se acercaron, los alemanes huyeron pero antes volaron todos los puentes de la ciudad. Budapest quedó devastada. Un ejemplo: en el primer distrito, de ochocientas viviendas solo cinco estaban intactas. El 17 % de los edificios quedó totalmente destruido y el 63 % presentaba daños muy importantes. En este mismo distrito la guerra mató a la mitad de sus habitantes.

Puente de la Libertad

   Cruzamos hacia Buda por el Puente de la Libertad, este fin de semana cerrado al tráfico. El puente imita el aspecto de un puente de tablero suspendido por cables y catenaria, que en la época era el preferido estéticamente, sin embargo, se trata de un puente con viga de celosía en voladizo con tablero intermedio.
   Fue inaugurado en 1896 por el emperador Francisco José tras colocar el último remache, que fue de plata, y se le dio el nombre de puente Ferenc József, o sea, Francisco José. Durante la segunda guerra mundial fue destruido por las bombas alemanas y tras su reconstrucción se le cambió el nombre a Puente de la Libertad.

Puente de la Libertad, inaugurado por Francisco José I

   El puente está coronado por unas estatuas en forma de águila, se trata del Turul, un ser mitológico pre-cristiano. Turul hacia de intermediario entre los dioses y los seres humanos y mantenía el orden en el universo. Está previsto que se cierre al tráfico rodado pronto. La idea de cerrar el puente al tráfico surgió cuando permaneció cerrado durante cuatro semanas por mantenimiento y se convirtió espontáneamente en un lugar de encuentro de la juventud. A partir de entonces, se cierra algunos fines de semana, como este, y se celebran talleres de pintura, teatro callejero y eventos musicales y deportivos.

    Ya en Buda, justo enfrente del Puente de la Libertad nos topamos con una curiosa cueva, le llaman Sziklatemplom o Templo de la Roca. Veamos de qué va:

Sziklatemplom o Templo de la Roca

    La idea se les ocurrió a unos monjes paulinos 1 tras visitar Lourdes, allí vieron la gruta de Massabielle y al comprobar el éxito que tenían estas cuevas en el imaginario de los creyentes se dijeron: ¿Por qué no hacemos algo parecido en nuestra Hungría natal? Así que en 1926 aprovecharon estas cuevas naturales, reforzaron su estructura para hacerlas más seguras y las acondicionaron como ermita, pusieron un altar, unos bancos y la adornaron con un poco de iconografía cristiana local. Hasta construyeron un pequeño monasterio para los monjes justo al lado.

Sziklatemplom o Iglesia de la Roca, en Buda

   En 1945, los soviéticos tomaron Budapest y la cueva continuó con sus funciones religiosas hasta 1951. Ese año los monjes y su líder, Ferenc Vezér, dentro de una ofensiva nacional contra la Iglesia católica, fueron capturados, interrogados con tortura, procesados y encarcelados. Ferenc Vezér ya había tenido problemas con la ley: en 1944 defendió a una joven amenazada por un soldado ruso, se produjo un forcejeo, el arma se disparó y el soldado murió. Un año después fue arrestado acusado de declaraciones anticomunistas, pero le absolvieron. Pero esta vez no se salvó, fue declarado culpable de incitar al asesinato de treinta soldados y condenado a muerte. Le ejecutaron el 3 de agosto de 1951 y fue enterrado en una tumba no revelada. Los hermanos restantes fueron encarcelados a un mínimo de diez años de prisión. La cueva fue sellada con un grueso muro de hormigón.
   Cuando en 1989 finalizó el periodo comunista, la ermita fue devuelta a los monjes paulinos, se restauró y en 1991 reabrió sus puertas otra vez para satisfacer a los amantes de lo esotérico. Como la historia la escriben siempre los vencedores, en 1992, la corte húngara absolvió a Ferenc Vezér a título póstumo de todos los cargos. Después de una larga búsqueda, su cuerpo fue encontrado y enterrado en un cementerio en Rákoskeresztúr.
   Cuando nosotros entramos, la gente va tomando asiento y el cura ya deambula por allí ultimando los preparativos para la celebración del rito litúrgico, que se celebra tres veces al día. Nos marchamos.

   Nota 1: Los monjes paulinos son cristianos católicos y su orden se fundó durante el siglo XIII. Su nombre viene del ermitaño san Pablo de Tebas, el primer ermitaño cristiano. Se dice que vivió en algún lugar del desierto de Egipto desde los dieciséis años hasta que murió aproximadamente en el año 345 a la edad de 113 años.

Hotel balneario Danubius Gellért

   Enfrente del cerro Gellért y de la Iglesia de la Roca se encuentra el vetusto hotel balneario Danubius Gellért; aunque no entramos a tomar un baño sí que visitamos su hall. La tarifas de alojamiento más barata es de noventa y cuatro euros con desayuno incluido. Los huéspedes tienen descuentos al usar el balneario y los baños termales, Como edifico es realmente llamativo pero los usuarios critican, sobre todo, que las habitaciones y su mobiliario piden a gritos una modernización. Las salas que albergan las piscinas, sin embargo, están cuidadas al detalle, de decoración fastuosa. Por unos diecisiete mil forintos (cincuenta euros) tienes derecho al disfrute del paquete básico diario que incluye: una taquilla, toalla de baño, albornoz, zapatillas, gorro y gel de ducha. Si traes tus cosas solo pagas la entrada, que cuesta dieciocho euros.

   Continuamos paseando por la orilla del Danubio y observamos, a la altura del hotel Gellert, como la gente se baña en unos pequeños pozos termales, como un yacusi al aire libre; quizá sean drenajes del balneario, digo yo. Me imagino que gratis.

Baño termal gratis a orilla del Danubio, justo enfrente del balneario Danubius Gellért

    Ya es de noche y llueve; caminamos bajo nuestros diminutos paraguas y allá a lo lejos vemos una larguísima cola en el café Molnár's Kürtóskalácsy. ¿Qué venderán que tiene tanto éxito? ¡Ah!, son las famosas Tortas de Chimenea, un dulce típico del país; las vimos hace cinco años en el mercadillo de Artá, en Mallorca, elaboradas por la panadería Lozano. En aquella ocasión no los catamos, pero hoy no se nos escapan. Una hoja pegada al escaparate avisa que la espera será larga, media hora. No importa, esperamos lo que haga falta; tanta gente no puede estar equivocada. Nada como tomar un café con una Torta de Chimenea en una tarde lluviosa y fresca.

Elaboración de las Tortas de Chimenea en el café Molnár's Kürtóskalácsy

Copyright © 2019 - MRB

La propiedad intelectual de los textos y de las fotos me pertenece, por lo que está prohibida su reproducción total o parcial sin mi expresa autorización.