República Federal del Brasil 1999

11 de julio, Salvador de Bahía17 de julio, Río de Janeiro
12 de julio, Salvador de Bahía 18 de julio, Río de Janeiro
13 de julio, Salvador de Bahía 19 de agosto, Cataratas de Iguazu
14 de julio, Salvador de Bahía, Itaparica 20 de agosto, Cataratas de Iguazu
15 de julio, Río de Janeiro 21 de agosto, Sao Paulo
16 de julio, Río de Janeiro 22 de agosto, Mallorca

16 de julio, sexta feria.

    Caminamos por la costanera hasta la playa de Leblón, continuación de la playa de Ipanema. Cuando se pasea por las calles comerciales de Ipanema y Leblón te olvidas de que estamos a escasos metros de la miseria de las favelas. Hasta el color de las aceras es rojizo, distinto al resto de la ciudad. Seguramente, de las tres principales playas de Río, Copacabana, Ipanema y Leblón, esta última es la mejor, hay menos gente y, por tanto, se respira un ambiente más relajado. También dicen que es la zona más segura de Río. Solo hay que echar un vistazo a los edificios del barrio de Leblón para deducir que la población disfruta de un alto poder adquisitivo; la consecuencia es que todo es algo más caro, excepto el precio de las sombrillas y las reposeras, ¡más baratas que en Copacabana! Leblón es un barrio muy agradable; da gusto pasear sus calles y comer en sus restaurantes.
    A la vuelta hacia Copacabana nos tumbamos un rato en la playa de Ipanema.

La playa de Leblón y al fondo, los picos Dos Hermanos

En la misma playa tienen verdaderos gimnasios al aire libre.
   Abundan los adolescentes de cuerpos cuidados, la mayoría hombres. Curiosamente, más que tumbarse al sol, prefieren permanecer de pie formando grupos, charlando.
    La característica principal de un bikini brasileño es que "realza" el glúteo. Por detrás, es más estrecho en la zona inferior hasta la mitad de la nalga. Es decir, no son tan pequeños como un tanga pero dejan al descubierto prácticamente todo el trasero. Ahora mismo, este tipo de bañadores están de moda y lo que más me sorprende es que los llevan todas las mujeres, no importa la edad, desde las chicas de veinte años a las abuelitas.
    Mi mujer se anima a probarse un bañador en una tienda y sale sin comprar, dice que se siente como desnuda y no quiere ser el foco de todas las miradas cuando pasee por la playa de Sopela, que allí la gente es mucho más conservadora. Aún tendremos que esperar hasta 2018 para que estos bañadores se pongan de moda en España.
    Mientras paseamos por la playa, se nos acerca un socorrista y se pone a charlar con nosotros como si nos conociera de toda la vida: "Es difícil estar orgulloso de Brasil; muchos creen que Europa y Norteamérica son perfectos, y que en Brasil todo lo que ocurre es malo. Yo creo que no es cierto, visité Portugal hace dos años y me quedé impresionado al leer los periódicos: igual que los de aquí, hablaban de corrupción, violencia y pobreza. Creemos que Brasil es un país muy corrupto pero la corrupción en Italia es igual o más grande que en Brasil, pero aquí nadie lo sabe, por eso, tenemos una idea muy negativa de nuestro país. En mi opinión la libertad de expresión es una de las cosas más positivas de Brasil. Mi padre dice que los conductores de aquí están locos, bueno, en Italia conducen mucho peor, y Italia es un país desarrollado".
    Cenamos un bufé decente en el hotel Río Othon Palace de Copacabana, amenizado por un cuarteto de música clásica.
    Por la noche, las chicas (o lo que fuera) de la calle esperan a sus clientes en la avenida Atlántica a escasos metros de las patrullas de la Policía.

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