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República de Austria 2019

14 de julio, Viena 25 de julio, Graz, Viena, Bratislava
15 de julio, Viena 26 de julio, Bratislava
16 de julio, Viena, Salzburgo 27 de julio, Bratislava
17 de julio, Salzburgo 28 de julio, Budapest
18 de julio, Salzburgo 29 de julio, Budapest
19 de julio, Innsbruck 30 de julio, Budapest
20 de julio, Innsbruck 31 de julio, Budapest
21 de julio, Mondsee, St. Wolfgang 1 de agosto, Budapest, Viena
22 de julio, Bach Ischl, Hallstatt 2 de agosto, Viena
23 de julio, Eisriesenwelt, Dachstein Krippenstein 3 de agosto, Viena
24 de julio, Graz Datos económicos

23 de julio, martes

    Hemos pernoctado en el hotel Moseerwirt porque es el más cercano a la atracción turística Eisriesenwelt —una cueva con hielo en su interior situada a 1641 m de altitud—, y se recomienda llegar antes de las diez —abren a las ocho—, porque se entra en lotes de veinte personas y durante julio y agosto la gran afluencia de visitantes hace que el tiempo de espera para entrar a la cueva sea muy prolongado. A las nueve llegamos al aparcamiento gratuito del centro de visitantes donde unos chavales con peto verde fluorescente te indican dónde dejar el coche. Dentro hay una pequeña tienda y baños. Compramos las entradas y empezamos una caminata cuesta arriba de veinte minutos, hasta llegar al teleférico que nos eleva desde los 1080 hasta los 1575 m. El recorrido del teleférico también se puede realizar a pata, entonces échale noventa minutos. El teleférico te deja a 1575 m, pero aún queda un repecho de otros veinte minutos hasta la cueva. Para este tramo hay dos alternativas: caminar por un túnel o por el exterior. Para subir, escogemos el túnel, que parece más recto y rápido. Las vistas sobre el valle y las montañas son fabulosas.

En la entrada a la cueva de hielo

    Hace un día de cielo despejado y hemos sudado lo nuestro para subir hasta aquí; ahora toca ponerse la ropa de abrigo (guantes, gorro de lana, camiseta térmica, calcetines gruesos, etc.). A la entrada de la cueva producimos vaho al hablar. Dentro, la temperatura ronda los cero grados Celsius. Para descansar han dispuesto unos pocos bancos de madera y también servicios higiénicos. En la pared opuesta a la entrada de los baños verás unas marcas en las rocas, un cartel explica lo que son:

Megalodones

Durante las excavaciones para crear estos baños, el equipo de construcción se topó con estos megalodones fosilizados. Los megalodones son un género de moluscos bivalvos de mar extintos, parecidos a las almejas, pero mucho más grandes y con forma de corazón. Datan de hace 210 millones de años, del período Triásico superior. Probablemente vivieron en relación simbiótica con las algas que les suministraban oxígeno. Su hábitat aquí sería un mar tropical, poco profundo y cálido. Los geólogos los usan como fósiles indicadores del estrato: allá donde aparecen el estrato pertenece al Triásico superior. La gente de los alrededores solía pensar que eran huellas de pezuñas fosilizadas dejadas por ganado en las montañas en tiempos prehistóricos, por eso, ellos se refieren a los megalodones como Kuhtritte, "huellas de pezuña de vaca".

   

    Antes de entrar nos dividen en dos grupos de un máximo de veinte personas: los que seguirán al guía en alemán o al guía que habla en inglés. Entran antes los turistas que vienen en grupos grandes. Dentro de la cueva están prohibidos las fotos y los videos, no por cuestiones de conservación, sino por razones organizativas: al sacar fotos, la gente se retrasa mucho y los grupos se estiran, hay que esperar a los rezagados, no escuchan las explicaciones del guía, etc. Se intentó dejar hacer fotos solo en ciertos lugares, pero no se cumplían las normas y se acabó por prohibirlo por completo.
    Justo antes de entrar en la cueva nos dan una lámpara de aceite a una de cada cuatro personas y te la encienden, algo que no entiendo, porque cuando abren la puerta de la cueva, la diferencia de presiones entre el interior y el exterior crea una corriente de aire gélido que apaga absolutamente todas las llamas de las lámparas al cruzar la puerta. Una vez que la puerta se cierra, te las encienden de nuevo, una por una. Dentro no hay ningún tipo de iluminación, sola las lámparas de aceite que nos han dado, que alumbran lo justo para ver donde ponemos los pies. A mi mujer y a mí no nos dan lámpara, casi mejor, así tenemos las manos libres. Al tipo que va delante nuestro le han dado una, pero no se ha preocupado de utilizarla para alumbrar en ningún momento, siempre con el brazo pegado al cuerpo y como la llama no lleva protección, a punto ha estado de quemar la ropa y la mano de los que tenía alrededor. Los pasamanos son de acero inoxidable y evidentemente están muy fríos, así que conviene llevar la mano enguantada.
    La experiencia de ver una cueva con hielo es interesante, aunque la poca iluminación resta vistosidad a la visita y te pasas la mayor parte del tiempo mirando al suelo, por seguridad, para ver donde pones los pies. En los lugares de especial belleza, los guías queman mechas de magnesio para que veamos mejor, pero duran unos pocos segundos. Dentro de la cueva se suben 134 m, que no es poca cosa. Setecientos escalones hacia arriba y los mismos hacia bajo, claro. Me he cansado en esta caminata y tengo que decir que me dejará las piernas resentidas por el esfuerzo para unos cuantos días. Al final, lo que más recuerdo de esta experiencia es la imponente remontada en el funicular y las espléndidas vistas a lo largo de todo el recorrido.
    Salimos de la cueva a la una, así que comemos aquí mismo, en el restaurante Dr. Oedl Schutzhaus.
    Nuestro próximo destino va a ser Dachstein Krippenstein, una estación de ski cerca de Obertraun que también se explota en el verano ofreciendo servicio de funicular para acceder a las montañas y otros entretenimientos como la cueva Koppenbrüller, la Cueva de Hielo, la Cueva del Mamut y la vista panorámica desde Los cinco Dedos, una plataforma en voladizo sobre el vacío.
    Tardamos nada menos que hora y media en recorrer los setenta y ocho quilómetros que median entre Werfen y Obertraun por la cantidad de curvas y el estado del firme. El aparcamiento es gratuito. Compramos el billete hasta la estación Gjaid que incluye tres remontes, el primero hasta la estación Schönbergalm donde están situadas las atracciones la Cueva de Hielo y la Cueva del Mamut aunque nosotros no las vamos a ver por falta de tiempo. El segundo remonte nos lleva hasta la estación Krippenstein, que tras un paseo de treinta minutos nos conduce a la pasarela Los Cinco Dedos, donde hay que guardar cola para hacerse la foto. El tercer remonte llega a la estación Gjaid, que no tiene mucho interés a no ser que seas un andarín de las montañas.

En las plataformas Los Cinco Dedos. El lago Hallstatt al fondo.

    Y dejamos estas montañas para dirigirnos a nuestro próximo destino: Graz, la capital de Estiria, el estado federado de mayor extensión de Austria. Tenemos que dejar el coche de alquiler en el aeropuerto, pero primero pasamos por el hotel NH a dejar el equipaje. Para regresar desde el aeropuerto a Graz al hotel, tomamos el tren S5 en la parada del aeropuerto y nos bajamos en la estación principal, desde donde un autobús nos lleva a la plaza Jakomini, en el centro.
    No es la primera vez que visito Graz, aquí pasé la primera quincena de septiembre de 2001, precisamente cuando derribaron las Torres Gemelas de Nueva York, trabajando en un proyecto de ingeniería.

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