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República de Austria 2019

14 de julio, Viena 25 de julio, Graz, Viena, Bratislava
15 de julio, Viena 26 de julio, Bratislava
16 de julio, Viena, Salzburgo 27 de julio, Bratislava
17 de julio, Salzburgo 28 de julio, Budapest
18 de julio, Salzburgo 29 de julio, Budapest
19 de julio, Innsbruck 30 de julio, Budapest
20 de julio, Innsbruck 31 de julio, Budapest
21 de julio, Mondsee, St. Wolfgang 1 de agosto, Budapest, Viena
22 de julio, Bach Ischl, Hallstatt 2 de agosto, Viena
23 de julio, Werfen, Dachstein Krippenstein, Graz 3 de agosto, Viena
24 de julio, Graz Datos económicos

22 de julio, lunes

    Otra mañana de neblina muy espesa, pegada a media altura de las montañas. Dejamos nuestro alojamiento en Bad Goisern y nos marchamos a Bad Ischl. Aparcamos el coche al lado del río Ischl, muy cerca del puente que conduce a la Villa Imperial o Kaiservilla, antigua residencia de los Habsburgo, aquí venían todos los veranos, atraídos por las propiedades de los baños en agua salada de los centros de salud. El auge económico de Bad Ischl comenzó con la apertura de espás de agua salina. Franz von Wirer fue médico de la realeza austriaca y un defensor de la medicina alternativa, junto a Josef Götz abrieron en 1821 un centro de salud de agua salada en Ischl. Gracias a sus contactos con la realeza austriaca y la comunidad médica, el spa tuvo éxito a nivel internacional y se convirtió en un lugar de vacaciones muy popular para la realeza europea y la monarquía austrohúngara. Buscando la proximidad de la realeza llegaron también compositores como Johann Strauß, Franz Lehár, Johannes Brahms o Anton Bruckner, que siempre venía a Ischl para tocar en el cumpleaños del emperador, el dieciocho de agosto. En 1906, Ischl pasó a llamarse Bad Ischl.
    Esta magnífica villa forma parte de la historia del país: aquí fue donde el emperador Francisco José I de Austria conoció a su futura esposa, la quinceañera Isabel de Baviera, también llamada Sissi. La madre de Francisco José compró la residencia como regalo de bodas para la parejita, hasta entonces era alquilada por Francisco José durante los veranos.
    La Villa Imperial fue testigo también de la firma de la declaración de guerra del emperador Francisco José I contra Serbia tras el asesinato en Sarajevo, el 28 de julio de 1914, de su sobrino Francisco Fernando, heredero al trono austro-húngaro, dado que Rodolfo, el hijo de Francisco José, se había suicidado y el hermano de Francisco José había muerto de fiebre tifoidea. Cuando Francisco José murió, su hija menor, la archiduquesa María Valera, la heredó. El nieto de María Valera es el actual propietario. La villa ofrece visitas guiadas en alemán.
    Bad Ischl es una ciudad de catorce mil habitantes, abrazada por un meandro del río Traun, de aguas impolutas, cristalinas, muy agradable para caminar gracias a sus amplias aceras, calles peatonales y abundantes parques florales que dan alegría a sus calles. Bad Ischl se ve rápido, enseguida te encuentras pasando varias veces por el mismo lugar. En las tiendas de ropa nos siguen asombrando los vestidos de folclore local, los pantalones cortos de cuero y las chaquetillas con filigranas que después no vemos por las calles. Nos damos una vuelta en un coche de caballos y disfrutamos de este día de sol espléndido.

Tomando el sol en el Kurpark de Bad Ischl

    Marchamos hacia el hiperturístico Hallstatt. Justo antes de llegar al pueblo se pasa por un largo y estrecho tunel. Jamás me hubiera imaginado semejante afluencia de turistas; nada menos que ochocientos mil visitantes recibe este pueblo al año, imagínate, he leído que en verano toca a diez mil por día. Hallstatt es un pueblecito de ochocientos habitantes lleno de casas al estilo del siglo XVI, encajonado entre la montaña y el lago. El escaso espacio para aparcar dentro del pueblo se reserva exclusivamente para los lugareños, ni tan siquiera a los huéspedes de los hoteles se les permite entrar con el coche. Una buseta que circula cada media hora los conecta con los aparcamientos y el centro del pueblo. Tras dar varias vueltas entre los aparcamientos P1 y P2 para ver si se libera alguna plaza, por fin, aparcamos en el subterráneo del P1. El P3, más alejado, es para autobuses y autocaravanas. Los noventa y cinco autobuses diarios que se calcula que llegan cada día traen legiones de ojos rasgados. ¿La razón? Parece ser que Hallstatt salió en la televisión coreana en un programa de viajes y encima quien ha visto la película de animación Frozen dice que el reino de Arandel se basó en Hallstatt para su diseño. Como curiosidad, en Huizhou, China, han construido una réplica de Hallstatt a escala real. Los lugareños están más que hartos de esta invasión porque en cuanto dejan abierta una puerta la gente se les cuela y hasta se han dado casos de turistas que han usado el baño, se creen que están en una atracción de Walt Disney. Cerca de los lugares desde donde se toman las mejores instantaneas del pueblo, los vecinos han puesto cárteles de "Silencio", pero claro, los turistas estamos demasiado excitados, obnubilados con tanta belleza y poco caso hacemos de los letreros.

Vista de Hallstatt y el lago

    Hallstatt debe su existencia a sus minas de sal, alrededor de ellas se crearon asentamientos humanos permanentes hace siete mil años porque la sal permitía conservar los alimentos durante largo tiempo, así no se desperdiciaba la comida y el esfuerzo dedicado a la caza era menor. Hasta que se construyó la primera carretera en 1890 solo se podía acceder en bote o por senderos.
    Se pueden pasar unas horas deambulando al azar por sus empinados callejones, visitando la iglesia católica de la Asunción, el cementerio, el osario, las tiendas de la plaza del Mercado, comprando recuerdos en las tiendas de artesanía o haciendo caminatas por los senderos, como el que nace en la parte posterior del cementerio y conduce hasta el mirador llamado "Marienruhe". También se puede dar un romántico paseo en bote por el lago, en las horrorosas lanchas con forma de pato o en los botes eléctricos, si te dejan los asiáticos, que las tienen petadas.

Iglesia de la Asunción

    En Hallstatt no hay evidencias de comunidades cristianas hasta 1050 y ya para 1181 se construye una pequeña iglesia románica, cuya torre aún se conserva. La construcción actual de la iglesia de la Asunción data de 1505, es de estilo gótico tardío y fue testigo de las luchas entre cristianos católicos y protestantes. Después del incendio de 1750, la torre recibió un nuevo tejado barroco. En 1987, una pareja de italianos se llevó cuatro pinturas góticas del altar que tardaron nada menos que treinta años en ser recuperadas.

Retablo de la iglesia de la Asunción, Hallstatt

   En 2002, la iglesia fue completamente renovada. En el interior, lo más llamativo son dos retablos labrados en madera. En la parte trasera de la iglesia se encuentra la cripta del barón Christoph Eyssel von Eysselsberg, que fue un rico administrador de la sal. Murió en 1688 y su voluntad fue que cada cincuenta años se sacara su ataúd, le dieran una vuelta alrededor de la iglesia y después le cruzaran el lago hasta su residencia en el castillo Grub. Su voluntad se vió truncada cuando el emperador Francisco José dijo que "los muertos hay que dejarlos descansar".

    Una visita curiosa y macabra consiste en visitar el osario aledaño a la iglesia de la Asunción El espacio escasea en Hallstatt, así que el cementerio es realmente diminuto, según la orden del cementerio, no hay tumbas familiares y después de solo diez años, una tumba debe ser ocupada nuevamente. Para ahorrar terreno se decidió guardar los huesos en una capilla, pero antes las calaveras se dejaban blanquear al sol y se marcaban artísticamente con el nombre de la persona y sus fechas de nacimiento y muerte. A veces, también se pintaba alguna decoración floral bastante elaborada. Esta práctica comenzó en 1720 y duró hasta 1995. Si miras atentamente a las calaveras dibujadas en el las baldosas del suelo, verás que tienen orejas, es como si dijeran: Ten cuidado con lo que dices de los muertos, ¡que te oímos!

Plaza del Mercado y estatua de la Santísima Trinidad, Hallstatt

    Para comer, escogemos el restaurante del Seehotel Grüner Baum, su terraza al lado del mar es un lugar muy agradable si sale el sol. Mi mujer se decanta por un Schnitzel o sea, carne empanada, un clásico de origen árabe, y yo pido pasta con gambas. Para beber, dos Radler. La calidad de la comida es la esperada de estos lugares tan turísticos donde no tienen necesidad de fidelizar la clientela, la mayoría no volveremos nunca más.
    Las minas de sal son visitables y se han convertido en un gran negocio turístico. Un funicular te sube a Salzwelten, una antigua mina de sal acondicionada para las visitas que contiene un estanque salado subterráneo y también una plataforma con una vista estupenda del lago y del pueblo. Te ponen un video y unos mineros robotizados cuentan la historia de las minas. La última subida del funicular es a las cinco y nosotros nos la hemos perdido, no podemos estar en todas partes. Todavía se extraen la friolera de trescientas mil toneladas de sal al año.
    Nos marchamos hacia Werfen, al siguiente alojamiento, el Berghotel Garni Burgblick. Mañana vamos a visitar la cueva de hielo de Eisriesenwelt y hemos reservado el hotel más cercano a la cueva, de esta manera entraremos de los primeros porque hemos leído que se forman largas colas y como el aforo es limitado puedes esperar varias horas para entrar.
    El hotel está situado en la ladera de una montaña, a buena altura y las vistas del valle desde la terraza son magnificas. Justo enfrente tenemos el histórico castillo Hohenwerfen, construido por el arzobispo Gebhard de Salzburg en el siglo XI. Este arzobispo fue uno de los más fieros oponentes al rey Enrique IV de Alemania durante la controversia de las investiduras. Aquí permaneció encerrado por algún tiempo también el arzobispo de Salzburgo Wolf Dietrich von Raitenau. El castillo también es visitable, aunque las crónicas que he encontrado en Internet no lo presentan como algo atractivo.

Castillo de Hohenwerfen

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