Otros viajes

República de Austria 2019

14 de julio, Viena 25 de julio, Graz, Viena, Bratislava
15 de julio, Viena 26 de julio, Bratislava
16 de julio, Viena, Salzburgo 27 de julio, Bratislava
17 de julio, Salzburgo 28 de julio, Budapest
18 de julio, Salzburgo 29 de julio, Budapest
19 de julio, Innsbruck 30 de julio, Budapest
20 de julio, Innsbruck 31 de julio, Budapest
21 de julio, Mondsee, St. Wolfgang 1 de agosto, Budapest, Viena
22 de julio, Bach Ischl, Hallstatt 2 de agosto, Viena
23 de julio, Werfen, Dachstein Krippenstein, Graz 3 de agosto, Viena
24 de julio, Graz Datos económicos

17 de julio, miércoles

    Ha amanecido un día estupendo, de cielo azul, sin nubes; a ver si dura porque, aunque llegamos ayer, estamos comprobado que las nubes pasan muy rápido por el cielo y el tiempo en Salzburgo es muy variable. Salimos temprano del hotel Austria Trend, situado al lado de la estación de tren, y caminamos con el frescor de la mañana hacia el casco viejo de Salzburgo. Hay que desayunar, así que nos vamos fijando por si vemos un lugar adecuado. En la terraza del Tiziana Gelato Food & Caffè observamos a la gente devorar unos crepes de aspecto apetecible, nos sentamos. Mi mujer pide un crepe de champiñones y rúcula y yo, otro de jamón cocido, rúcula y especias; para beber latte macchiato. Seguimos andando por la Dreifaltigkeitsgasse hacia el casco histórico; Salzburgo es como un pueblo grande y a todas partes se llega andando.
    Nos sigue llamando poderosamente la atención la ropa étnica, folclórica, que vemos en los escaparates y que luego no se corresponde con la que la gente viste por la calle, quizá porque la mayoría de la gente que deambula por los lugares turísticos son en realidad turistas. Una dependienta nos dice que son ropa para ocasiones especiales, pero también para la vida diaria. Este tipo de trajes tienen unos precios solo asequibles para gente de economía muy desahogada, así que, seguramente también sirve para demostrar que perteneces a la clase alta, o media alta.
   
Brevísima historia de Salzburgo

    El origen de Salzburgo fue el pueblo romano Iuvavum, arrasado por los bárbaros tras la caída del Imperio Romano de Occidente. Años después, sobre sus ruinas, se construyeron una abadía y un convento y para el año 739 ya era sede episcopal. En el 755 aparece por primera vez el nombre Salzburgo en un documento, seguramente en referencia a unas fuentes de agua salada de las proximidades.
    Los gobernantes del Principado eclesiástico de Salzburgo se llamaban príncipes arzobispos, pues ostentaban el poder político y religioso. Entre todos los príncipes arzobispos destaca Wolf Dietrich de Raitenau (1559 – 1617), educado en Roma e hijo de una nieta de Pío IV, papa perteneciente a una rama secundaria de los Médici florentinos. Gracias a sus contactos fue nombrado, a sus veintiocho años, príncipe arzobispo del estado de Salzburgo. Quiso convertir a Salzburgo en la Roma del norte, al menos, arquitectónicamente; a él se debe la iniciativa de construir una nueva catedral, la Residencia, y la plaza de la Residencia, con su fabulosa fuente. Demolió numerosos edificios medievales y construyó una moderna ciudad acorde a los cánones del Renacimiento.

La plaza de la Residencia con la obra Sphaera (2007) del artista Stephan Balkenhol,
de interpretación libre, el castillo Hohensalzburg y el funicular.

    En el principado se extraía oro (Gastein), cobre y sal (minas de Berchtesgaden, Hallein, etc.). El oro se acabó en torno a 1600, la sal dió el nombre a la ciudad y al Land. Gracias a su inexpugnable fortaleza y a la habilidad de los príncipes-arzobispos para mantenerse neutrales consiguieron evitar los estragos de las guerras de religión y perduraron como estado soberano e independiente por más de mil años, hasta que las tropas de Napoleón lo invadieron en 1800 acabando con el último príncipe arzobispo, Hieronymus von Colloredo, que huyó a Viena. Finalmente, renunció oficialmente en 1803 desde Viena. Austria sucumbió ante Napoleón en la Batalla de Austerlitz en 1805 y mediante el Tratado de Presburgo, Francia cedió el condado de Salzburgo a Austria como compensación por las ingentes pérdidas territoriales que Francia impuso a Austria. La integración de Salzburgo en Austria se produjo en 1816.
    Durante la segunda guerra mundial, las bombas destruyeron gran parte de lo que hoy es la zona nueva, donde se ubican los grandes negocios y la estación de tren; la parte histórica de la ciudad, la situada entre el río Salzach y la colina Möchsberg (colina de los monjes), salió mucho mejor parada.

    En el casco viejo, hacia donde nos dirigimos, se encuentran los principales focos de atracción turística, a saber: el castillo Hohensalzburg, la nueva y vieja Residencia, la catedral, el cementerio de san Pedro, la casa natal de Mozart, el Domquartier y la calle Getreidegasse. En la zona nueva también se puede ver el cementerio San Sebastián, el palacio Mirabell y sus jardines.
    Salzburgo debe gran parte de su atractivo turístico a la fama actual del compositor Mozart, aquí nació en 1756 y aquí regresaba durante sus primeros veinticinco años tras sus frecuentes y prolongadas giras musicales por las cortes de toda Europa hasta que el príncipe arzobispo Hieronymus von Colloredo, último regente del principado, le despidió, harto de sus ausencias e incapaz, como otros muchos, de apreciar el enorme talento de Mozart; al conservador Jerónimo le gustaba la música religiosa y Mozart, que había viajado por otras capitales europeas, prefería escribir sinfonías y óperas. El arzobispo no veía en Mozart más que un sirviente impertinente y maleducado cuando exigía mejor salario y consideración para su música.
    Lo primero que vamos a visitar es la catedral de Salzburgo, donde se dice que Mozart fue bautizado. Se entra por la plaza de la Catedral, donde ahora mismo están instalando unas gradas de mecanotubo para la representación inaugural de su famoso festival que arranca el próximo 20 de julio y termina el 31 de agosto. Los conciertos del Festival de Salzburgo son de una calidad excepcional, basta un ejemplo: la Orquesta Filarmónica de Viena dará cinco conciertos y estará dirigida por directores como Muti, Barenboim, o Haitink y este año tocarán artistas como Martha Argerich, para mí, la mejor pianista del mundo, o Anne-Sophie Mutter. En esta plaza se representa todos los años, desde 1920, la obra de teatro Jedermann de Hugo von Hofmannsthal. Precisamente fue Hugo, junto con el director de cine y teatro Max Reinhardt y el compositor Richard Strauss, quienes promovieron la creación del Festival de Salzburgo en 1920 para ayudar a los artistas a salir de la crisis que siguió a la primera guerra mundial.
   
La catedral de Salzburgo

    La historia de la catedral actual comienza en la noche del 11 de diciembre de 1598, cuando un incendio destruye la catedral medieval. El entonces príncipe arzobispo Wolf Dietrich von Raitenau (1559–1617) ordenó su completa demolición y el diseño de una catedral completamente nueva. La ubicación se mantuvo igual que la anterior pero se cambió su orientación, lo que implicó la demolición de muchos edificios aledaños.
    La entrada a la catedral católica está presidida por cuatro estatuas que representan a los apóstoles Simón Pedro, con las llaves en oro y plata, símbolo del poder del papado, y Pablo de Tarso, con la espada de empuñadura dorada con la que fue decapitado, siguiendo la tradición de representar a los santos mártires con el instrumento de su muerte. Como Pablo era romano no le crucificaron, fue decapitado fuera de los muros de Roma. La supuesta espada estaba en el Convento de las Jerónimas de Toledo, regalo del generoso papa Urbano V al cardenal Egidio Álvarez de Albornoz y Luna durante el siglo XIV. Luego, al finalizar la guerra civil española se perdió. Los dos santos de los extremos son los dos patrones de Salzburgo: Ruperto, quien comenzó la primera catedral de Salzburgo y el obispo irlandés Virgilio, su sucesor, que la terminó

Estatuas de san Pedro, san Pablo y el irlandés Virgilius

    Los templos católicos se suelen consagrar cuando finaliza su construcción o bien, tras reconstrucciones de importancia. Las tres fechas de color dorado sobre las puertas enrejadas señalan precisamente las tres consagraciones: la primera tuvo lugar en el año 774, el abab y obispo Virgilio fue el encargado de la consagración de aquella primera catedral románica. Tras el incendio de 1598, lo que quedaba de la catedral fue demolido y el arzobispo Markus Sittikus comenzó la construcción de la actual catedral barroca en 1614 que fue inaugurada en 1628 por el arzobispo Paris Lodron. La fecha de 1959 indica la última consagración tras reparar los destrozos causados por las bombas durante la segunda guerra mundial. Si te fijas bien, sobre la piedra caliza de la entrada principal, descubrirás los grabados de dejaron algunos traviesos soldados franceses de Napoleón mientras esperaban aburridos a que terminara la misa.

Pila bautismal donde fue bautizado el músico Mozart

    Las paredes de la catedral son tirando a sencillas, sin exceso de decoración, para ser barroco, claro. Se construyó en solo catorce años, desde 1614 hasta 1628. En la capilla de la izquierda vemos una pila bautismal de bronce de 1320, se dice que en ella fue bautizado Mozart y también el compositor y sacerdote Joseph Franz Mohr, autor de la letra de Stille Nacht (en español, Noche de paz), canción navideña muy conocida en Occidente. Como todas las iglesias, está diseñada para la escenificación teatral; según avanzamos por la nave central, la luz se va incrementando hasta llegar al presbiterio donde se encuentra el altar, escenario central donde se representan no solo misas, sino también innumerables conciertos, de hecho, se llevan haciendo conciertos desde hace seiscientos años. Las misas de los domingos son famosas por su música. La catedral de Salzburgo dispone de cinco órganos, cuatro rodeando el crucero y uno más, junto a la entrada. Según dicen los entendidos, son de lo mejorcito en sonido. Aquí aguantó Mozart de organista durante dos años, generalmente tocaba el órgano del sudeste, el "Hoforgel", o sea, si te colocas en el crucero y miras al altar, el de la derecha.

Interior de la catedral de Salzburgo

    En la cripta descansan para la eternidad los restos de diez príncipes arzobispos desde el siglo XVII. Como suele ser habitual, la catedral conecta directamente con la Residencia para facilitar el acceso al clero.

    Salimos de la catedral y vamos derechos hacia la residencia arzobispal. La audioguía está incluida en el precio de la entrada.

La Residencia

    El obispado de Salzburgo se fundó en 739 y pasó a la categoría de arzobispado en 798 con la bendición del papa romano. Su construcción comenzó bajo el arzobispado de Conrad I von Abenberg. La primera referencia escrita a este palacio se remonta al año 1120. Conrad I quería un lugar adecuado para sus reuniones públicas y asuntos de estado, un edificio que reflejara el poder y grandeza del principado, que con el tiempo llegó a abarcar un vasto territorio, el segundo más grande de todo el Sacro Imperio Romano Germánico. Este edificio se convirtió en la sede de todos los príncipes arzobispos de Salzburgo que vinieron después,
    Otro nombre clave en la historia de la Residencia fue el arzobispo Wolf Dietrich Raitenau, quien en torno a 1600, demolió parte de la antigua Residencia medieval y construyó una nueva, digna del Renacimiento italiano. El resultado fue un complejo de edificios con ciento ochenta salas dispuestas alrededor de tres patios. Sus sucesores siguieron agrandando y refinando el palacio hasta finales del siglo XVIII.

Interior de la Residencia

    Tras la secularización de Salzburgo en 1803, el edificio la Residencia sirvió como domicilio de la dinastía imperial austriaca y la viuda del emperador Francisco, Caroline Augusta de Baviera, y de la rama Habsburgo-Toscana. En 1923 se abrió la Residencia como museo destinado a reemplazar la colección de arte de los príncipes arzobispos, que se había perdido durante las guerras napoleónicas a principios del siglo XIX, y a promover el turismo. Hogaño, en la Residencia puedes admirar pinturas notables del siglo XVI al siglo XVIII, así como pinturas austriacas del siglo XIX.
    La sala más grande es la de Carabineros, nada menos que cincuenta metros de larga por doce de ancha. El nombre le viene de la denominación histórica de la guardia creada por el arzobispo Wolf Dietrich von Raitenau siguiendo el modelo de la guardia suiza del papa. Se utilizaba para banquetes y espectáculos teatrales. En una vitrina se pueden ver algunas escopetas de principios del siglo XVII, de complicado funcionamiento.
   En el museo, se expone el cuadro Madre rezando, uno de los más famosos de Rembrandt. Otra sala grandiosa, quizá la más impresionante, es la Sala de Audiencias. Los altos techos están adornados con frescos que representan a Alejandro el Grande. En la Sala del Consejero, Mozart dio a los seis años su primer concierto en la corte. Esta sala aún hoy se utiliza para los conciertos del Festival de Salzburgo. Allá donde mires hay obras de arte, esculturas, pinturas, hasta las estufas de calefacción son obras de arte únicas.

    Al pasar enfrente de la puerta de la iglesia de los franciscanos vemos que una señora con una mesita vendiendo entradas para un concierto de órgano, hoy a las ocho y media. El repertorio incluye interpretaciones del organista Heribert Metzger de obras de Buxtehude, J. S. Bach sobre el órgano Marien y de Mendelssohn, Rheinberger y Max Reger sobre el órgano Heilig-Geist. La propia hoja del programa sirve como entrada, así son de austeros esta gente. No conozco ninguna de las obras pero no importa, entramos. A la salida nos obsequian con unos Mozartkugeln o "pelotas de Mozart". Es imposible caminar por esta ciudad sin ver en los escaparates unos dulces esféricos plateados, son los llamados Mozartkugeln, casi a dos euros por pieza, pero están bonísimos, una mezcla de chocolate y mazapán. El inventor de estos dulces esféricos fue el pastelero Paul Fürst, que ahora descansa en el Cementerio de San Pedro. Seguro que pasas por delante de una de sus pastelerías, hay unas cuantas repartidas por la ciudad. También te los envían a tu casa si tienes ese capricho.
    Muy cerca de Salzburgo, a sesenta quilómetros al norte, en una pequeña localidad pegada a la frontera alemana llamada Braunau am Inn, nació, en un apartamento alquilado, el loco que causó setenta millones de muertos durante la segunda guerra mundial. Adolfito pasó aquí sus tres primeros años. Tras la guerra, el apartamento fue recuperado por los propietarios originales y luego alquilado durante décadas por el Estado como escuela, librería y un centro para discapacitados. En 2017 el Gobierno decidió expropiar todo el edificio porque se había convertido en un lugar de culto para los neonazis. La propietaria demandó al Estado e inicialmente, un tribunal local le dio la razón y valoró la indemnización en un millón y medio de euros. El Estado apeló y finalmente el Tribunal Supremo rebajó la compensación a 812.000 euros. Lo que todavía no saben es qué hacer con la casa.

Copyright © 2019 - MRB

La propiedad intelectual de los textos y de las fotos me pertenece, por lo que está prohibida su reproducción total o parcial sin mi expresa autorización.