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República de Austria 2019

14 de julio, Viena 25 de julio, Graz, Viena, Bratislava
15 de julio, Viena 26 de julio, Bratislava
16 de julio, Viena, Salzburgo 27 de julio, Bratislava
17 de julio, Salzburgo 28 de julio, Budapest
18 de julio, Salzburgo 29 de julio, Budapest
19 de julio, Innsbruck 30 de julio, Budapest
20 de julio, Innsbruck 31 de julio, Budapest
21 de julio, Mondsee, St. Wolfgang 1 de agosto, Budapest, Viena
22 de julio, Bach Ischl, Hallstatt 2 de agosto, Viena
23 de julio, Werfen, Dachstein Krippenstein, Graz 3 de agosto, Viena
24 de julio, Graz Datos económicos

16 de julio, martes

    Desde nuestro alojamiento, el hotel Eurostars Embassy, hasta los palacios Belvedere, hay poco más de dos kilómetros, así que para ahorrar energías, tomamos el transporte público, que funciona de maravilla. Bajamos en la parada Schloss Belvedere, justo a la entrada de los jardines.

Palacios Belvedere

    Los dos palacios Belvedere fueron construidos para el disfrute veraniego del príncipe Eugenio de Saboya (1663-1736), probablemente el militar más exitoso de su tiempo, claro que lo tuvo fácil desde la cuna: nació noble, en la corte de Paris y, aunque iba destinado a la carrera clerical, él prefirió lo militar. Empezó mal, porque el rey Luis XIV le rechazó para su ejército, no se sabe si por lo esmirriado que era como ejemplar humano o porque se sospechaba que su madre había envenenado a su marido. Eugenio, despechado, se largó a Viena y allí entró al servicio de Leopoldo I de Habsburgo, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. La grandiosa carrera de Eugenio como militar comenzó contra los turcos en el segundo sitio de Viena de 1683. Unos años más tarde había llegado al puesto de mando militar más alto de la monarquía. En numerosas ocasiones venció a ejércitos muy superiores al suyo, basándose en la buena alimentación de sus soldados, inmejorable intendencia, disciplina, su propia involucración en el combate, hacer de aliado a la orografía, y sobre todo, el elemento sorpresa; procuraba atacar cuando el enemigo no lo esperaba, por ejemplo, de noche. También logró importantes victorias en la guerra de sucesión española luchando contra el rey francés Luis XIV, ese que había rechazado sus servicios muchos años antes.

Palacio Alto Belvedere

    Eugenio era un apasionado de la belleza y le gustaban todas las artes. Gracias a los botines de guerra, recompensas y rentas, era inmensamente rico, así que pudo permitirse la construcción de este suntuoso palacio barroco que utilizó para sus fiestas y necesidades sociales. Fue diseñado por su arquitecto favorito, Johann Lukas von Hildebrandt y desde 2001 es parte del patrimonio de la humanidad.
    Eugenio murió de pulmonía a los setenta y tres años en el su palacio de invierno de Viena y fue enterrado en la catedral de San Esteban. Murió soltero y sin hijos —no se le conoció relación sentimental con mujer alguna, ni hombre. ¿Era homosexual o no quería que otra mujer lo envenenara como hizo su madre con su padre? La heredera, su sobrina Anna Viktoria de Saboya vendió gradualmente todas sus posesiones. Los palacios fueron adquiridos en 1742 por la emperatriz María Teresa I de Austria y fue entonces cuando estos palacios recibieron el nombre de Belvedere, por las bellas vistas que ofrecían de Viena.

    De la decoración interior del palacio Belvedere ya no queda gran cosa, pero sí es digna de ver la Sala de Mármol, no sólo por sus pinturas y elementos decorativos, aquí se vivió un momento histórico: la firma del Tratado de Independencia austriaca en 1955 que devolvía la soberanía al estado austríaco después de los diez años de ocupación aliada tras la segunda guerra mundial. El tratado impedía la unificación con Alemania, se prohibieron las organizaciones nazis y fascistas, la adhesión a la OTAN y la restauración de la monarquía de los Habsburgo.
    En este museo verás pinturas de la Edad Media, Barroco, Neoclasicismo, Romanticismo, hasta el presente. Las estrellas de la colección son, indudablemente, las obras de Gustav Klimt (El beso y Judith), Egon Schiele y Oskar Kokoschka.

Napoleón cruzando los Alpes, de Jacques Louis David (1748-1825), Palacio Belvedere

    Después de visitar el palacio Belvedere, regresamos al hotel, recogemos las maletas de la recepción y nos vamos a la Hauptbhanhof o estación principal a tomar un tren a Salzburgo. En el trayecto Viena- Salzburgo, la compañía estatal ÖBB compite con la privada Westbahn. Tras comparar precios, horarios y duración del trayecto, nos decantamos indiscutiblemente por Westbahn, que ofrece precios la mitad que la estatal, aunque más tarde nos enteraremos de que ÖBB también ofrece descuentos sustanciosos si reservas los billetes con varios días de antelación a través de la tarifa Sparschiene.
    Es bueno saber que en Austria no hay competencia entre tren y autobús; las ciudades principales solo están conectadas por tren y no por autobús y donde hay tren, no hay autobús. Los autobuses de la Postbus pertenecen a la empresa nacional de ferrocarriles Österreichische Bundesbahnen (OEBB). Si está escrito OBB en rojo es un tren, si hay escrito un círculo amarillo es conexión en autobús. LLegamos a Salzburgo, la capital del estado federado del mismo nombre.
    Aunque ya es algo tarde y noche cerrada, preguntamos en la recepción del hotel Austria Trend Hotel por algún lugar cercano para cenar. Nos recomiendan el restaurante del hotel Imlauer, justo después de pasar el túnel del ferrocarril. Lo encontramos sin problemas y como hace buena temperatura, nos instalamos en la terraza, muy amplia. Me llama la atención la escasa iluminación, así que buscamos el rincón mejor iluminado. Ya sentados echamos un vistazo alrededor y vemos a varios comensales en diferentes mesas que utilizan la linterna del celular para leer la carta. Para facilitar las cosas en cocina y que nos sirvan rápido, Arantza y yo pedimos lo mismo, sendos Schnitzel, o sea, escalope empanado, uno de los platos más populares del país, sino el que más. Comeremos varias veces Schnitzel en nuestro viaje y de este guardamos el mejor recuerdo por lo crujiente de la costra.

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