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República de Austria 2019

14 de julio, Viena 25 de julio, Graz, Viena, Bratislava
15 de julio, Viena 26 de julio, Bratislava
16 de julio, Viena, Salzburgo 27 de julio, Bratislava
17 de julio, Salzburgo 28 de julio, Budapest
18 de julio, Salzburgo 29 de julio, Budapest
19 de julio, Innsbruck 30 de julio, Budapest
20 de julio, Innsbruck 31 de julio, Budapest
21 de julio, Mondsee, St. Wolfgang 1 de agosto, Budapest, Viena
22 de julio, Bach Ischl, Hallstatt 2 de agosto, Viena
23 de julio, Werfen, Dachstein Krippenstein, Graz 3 de agosto, Viena
24 de julio, Graz Datos económicos

14 de julio, domingo

    Volamos de Bilbao a Viena con la aerolínea Volotea y atentos: las dimensiones máximas que esta aerolínea permite para el equipaje de cabina son 55 x 40 x 20 cm, inferiores a las de otras aerolíneas. La IATA o Asociación Internacional de Transporte Aéreo, propuso en 2015 unificar dimensiones pero no lo logró. Mi maleta cumple con los límites de Iberia, 56 x 45 x 25 cm, pero no los de Volotea. Aleatoriamente, la empleada del mostrador verifica si el equipaje de mano cabe en el ortoedro de prueba. Mi maleta se libra de la comprobación, pero a otros pasajeros se le exige facturar cuando la maleta excede las dimensiones y eso implica pagar sesenta euros más, que no hace ninguna gracia; más vale gastarlos en otra maleta.
    Aterrizamos a las nueve y cuarto en Viena, en el aeropuerto de Schwechat, dieciocho kilómetros al sureste de Viena. Para desplazarnos al hotel Eurostars Embassy hay tres alternativas al taxi:
→ El CAT (City Airport Train), que es un tren directo que conecta el aeropuerto con la estación (en alemán, der Bahnhof) Mitte en dieciséis minutos.
→ El autobús, económico pero más lento.
→ El tren Schnell-Bahn S7, con paradas intermedias pero también muy económico.
   Escogemos el S7. En St. Marx bajamos y tomamos el autobús 47A que nos deja en la parada Erlanggasse, justo enfrente de la puerta del hotel. En alemán, "la parada" se escribe "die Haltestelle".
    La red de transporte de Viena es envidiable, cuentan con metro (U-Bahn), tren (Schnell-Bahn), tranvía (Straßenbahn), autobús, bicicletas (Citybike, ¡atención: la primera hora es gratuita siempre!), scooters, coches compartidos (car2go.com, drive-now.com) y el transporte individual de moda: el patinete. Mi mujer y yo nos arreglamos muy bien con el abono diario (uno, dos o tres días) que te permite montar en todos los transportes de Viena (tranvías, autobuses y metros) sin límite de viajes y se compra en cualquier estanco. Para llegar a los destinos no hace falta ningún mapa de metro ni de tren, la aplicación Google Maps para teléfonos móviles ha funcionado muy bien casi siempre.
    Como llegamos antes de las dos, nuestra habitación aún no está disponible, así que dejamos las maletas en la recepción y nos vamos andando hacia el centro. Enseguida nos llama la atención cruzarnos con gente que aparenta vivir de manera mísera, sucios, sin afeitar y siempre con alguna botella o lata de cerveza en la mano, algo que no esperaba en un país con una renta per cápita de 51708 € brutos según datos de 2018 del Fondo Monetario Internacional. El problema que tienen muchos austriacos con el alcohol es tremendo. Según datos de 2018 elaborados por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), los austriacos son los segundos consumidores de alcohol del mundo, detrás de Lituania. Ingieren un promedio de doce litros de alcohol puro por año, no parece mucho, pero claro, eso significa que hay gente que bebe mucho más. ¿Y cuál es la razón de semejante adicción al alcohol? Está claro que hay factores que ayudan a beber: está socialmente aceptado (no es como en Arabia Saudí), la bebida es muy asequible económicamente y fácil de conseguir (no hay restricciones como en Suecia o Canadá). Vale, pero estas tres condiciones también se dan en muchos otros países y, sin embargo, no beben ni la mitad que aquí. ¿Será la escasez de horas de sol lo que les lleva a la bebida? ¿La soledad? No he encontrado estudios al respecto, así que no lo sé. La adicción al alcohol es tan grande que las petacas Flachmann son tremendamente populares; la gente las lleva en los bolsillos de la ropa o en la cartera, sobre todo en invierno.
    Y hablando de vicios... ¿qué pasa con el tabaco? Actualmente los locales pueden escoger entre permitir o prohibir fumar en el interior. El Parlamento de Austria votó en julio por la prohibición total de fumar en cualquier local gastronómico cerrado y entrará en vigor el próximo uno de noviembre. Solo votó en contra la extrema derecha del FPÖ o Partido de la Libertad de Austria que, como buenos liberales, anteponen la libertad a cualquier otra cosa, incluida la salud de los demás.
    Pasamos cerca del edifico Hundertwasser, así que allá nos vamos. La fachada fue diseñada por el pintor, arquitecto, activista ambiental y filósofo Friedensreich Hundertwasser (1928-2000). Este tipo de arquitectura de vanguardia, de edificios singulares, únicos, donde es imposible realizar prototipos de prueba, siempre crean polémica. Poco tiempo después de la inauguración en 1986, las tejas de la azotea comenzaron a reblandecerse; las raíces de los árboles y plantas también dieron problemas y los cristales solo pueden limpiarse desde el exterior, con andamios o elevadores. Está claro que su utilidad práctica es cuestionable.

Edifico Hundertwasser, Viena.

    Seguimos ahora por un pequeño trozo de parque paralelo al canal del Danubio, que es muy frecuentado por los propietarios de perros, la mayoría con bozal y correa. A pesar de estar en julio, las aguas bajan a buena velocidad. Al lado del puente, al pie del observatorio Urania Sternwarte vemos que la caña de un pescador a lance ligero se comba anunciando pez. El pescador se ayuda de una sacadera muy larga para capturar al pez, que pesará unos dos quilos. Por la forma de la cola, no es trucha ni salmón, seguramente una perca o barbo. El cebo ha sido un vinilo en forma de pez con cabeza plomada. Lo desanzuela y lo devuelve al agua. Hay más pescadores, pero la mayoría prefieren la pesca más pasiva y ahí están, repanchingados en sus sillas, escuchando la radio, con varias cañas apoyadas, a la espera de que les visite la suerte y muerda alguna carpa, barbo, bagres o un pez gato.
    Ahora nuestros pasos se dirigen hacia el centro histórico, a la catedral de San Esteban, la más importante del país. La entrada es gratuita excepto para visitar las catacumbas o subir a la torre. Desde el exterior, lo más llamativo es el tejado inclinado, cubierto por azulejos esmaltados de colores que forman dibujos en zigzag. De la fachada románica destacan los dos torreones octogonales que la delimitan, conocidos como las Torres de los Paganos, utilizadas como torres de vigilancia en tiempos de guerra. También son espectaculares las puertas: la principal es la Puerta del Gigante, románica, y la lateral es la Puerta de los Cantores. Como la mayoría de edificios religiosos antiguos, esta catedral ha sufrido ampliaciones, incendios y derrumbes. El suceso más trágico fue el incendio de 1945 debido a un bombardeo, aunque dicen que la causa no fueron las bombas sino otros elementos que ardían y que el viento trajo hacia la catedral. Fotos en blanco y negro recuerdan el episodio.
    A diferencia de los alemanes, los cristianos austriacos son mayormente católicos, constituyen el cincuenta y ocho por ciento de la población; solo un cinco por ciento son cristianos luteranos. La dinastía de los Augsburgo siempre se mantuvo fiel a Roma. Recordemos lo beligerante que fue Carlos I de España, a la sazón Karl V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, con turcos y protestantes.

Catedral de San Esteban en Viena con el Púlpito de las Ranas a la izquierda.

    Dentro, es notable el púlpito gótico anterior a 1480, con los bustos esculpidos de los cuatro grandes padres de la Iglesia que representan, a su vez, los cuatro temperamentos. De derecha a izquierda: san Ambrosio que representa el tipo sanguíneo, san Jerónimo con el sombrero cardenalicio representa un anciano colérico, san Gregorio portando la tiara, el libro y la lupa imitando al escéptico y san Agustín con la mitra, el libro y el tintero, representando al joven melancólico inmerso en sus pensamientos. El autor se representó asomando la cabeza por una ventana, debajo de la escalera, se le llama "el Mirón". A esta obra de arte también se le conoce por el Púlpito de las Ranas ya que en el barandal se representan ranas y salamandras.
    Casi todas las catedrales ejercen de cementerios para reyes y potentados que quieren atajar la espera para ingresar en el imaginario paraíso celestial, sin embargo, no es aquí donde yacen los principales actores de la realeza austriaca, sino en la cripta imperial de la iglesia de los Capuchinos, muy cerca, a cinco minutos andando de la catedral. Allí se encuentran enterrados la quintaesencia de los Habsburgo: María Teresa, Francisco José I, la emperatriz Sisi y el heredero Rodolfo, que según la versión oficial, se suicidó. Los féretros son auténticas obras de arte que muestran la riqueza de estos personajes. Resulta impresionante el gran número de minúsculos féretros en los que descansan los niños que sufrieron muertes prematuras. La longevidad media en tiempos de la emperatriz Sisi era de cuarenta y dos años a mediados del siglo XIX en Inglaterra —no he encontrado datos de Austria—, debido precisamente a que el treinta por ciento de los niños moría antes de cumplir el año.
    Muy cerca de la catedral se encuentra una de las casas donde vivió Mozart. Entramos. Veamos lo que nos cuenta la audioguía, en español:

Casa de Mozart en Viena

    Mozart residió aquí, en el número cinco de Domgasse, entre septiembre de 1784 y abril de 1787, mientras creaba algunas de sus obras más importantes, como la ópera Las bodas de Fígaro. Este museo consta de tres plantas; la primera corresponde al apartamento de Mozart y consta de cuatro grandes cuartos, dos más pequeños y una cocina. De entre las decenas de residencias que el artista ocupó en Viena, esta se cree que fue la más lujosa y la única que se conserva, aunque no se han conservado los muebles originales. Los paneles, ilustraciones, maquetas y vídeos dan información sobre cómo era el día a día de Mozart durante los años que pasó en Viena. La segunda planta se centra, sobre todo, en las óperas, y se pueden ver algunas copias de sus manuscritos. En la tercera planta se explica, por ejemplo, donde actuaba o quiénes eran sus amigos y admiradores más destacados.

Museo de la casa de Mozart en Viena

    Mozart nació en Salzburgo el 27 de enero de 1756 y falleció en Viena el 5 de diciembre de 1791, jamás tuvo la nacionalidad austríaca puesto que el estado de Salzburgo no perteneció a Austria hasta 1806. Al día siguiente de su nacimiento le bautizaron con el nombre de Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus. El primero y último nombre eran de su padrino, y el tercer nombre era el de su abuelo. Theophilus es un nombre griego que significa "el que quiere a Dios"; Mozart se lo cambió al francés, Amadé, y después al latín Amadeus.
    Su vida nos enseña cuánto depende la historia de la casualidad: cinco de sus hermanos murieron en la infancia y si hubiera muerto tan solo un año antes jamás hubieramos disfrutado de las melodías de La flauta mágica.
    A los tres años, distinguía con facilidad las sucesiones armónicas del clavicordio y tocaba de oído gran cantidad de melodías al piano. A los cinco años ya era capaz de tocar al piano cualquier concierto, por complejo que fuera. A los ocho compuso su primera sinfonía. Mozart odiaba el sonido de la flauta y solo compuso conciertos para flauta por encargo. Mozart padeció el síndrome de Tourette, un trastorno nervioso que le impedía comportarse adecuadamente en sociedad y que se manifestaba en forma de expresiones vulgares e insultos como demuestran algunas de sus cartas.
   Para los masones como él, el número tres tenía un significado especial e incluyó este número en muchas obras; en La flauta mágica, por ejemplo, aparecen tres acordes mayores en la obertura, tres hadas, tres niños que guían al protagonista, tres instrumentos mágicos, tres pruebas y tres templos.
    Mozart desarrollaba la música en su cabeza y después la transcribía al papel sin tachones ni cambios. Escribió 621 obras y se ha calculado que copiar su obra completa dedicando diez horas al día llevaría veinticinco años; algo increíble para alguien que murió con treinta y cinco años. Mozart ganó mucho dinero, vivía en apartamentos de lujo, tenía personal a su servicio y caballos. A pesar de sus generosos ingresos, su mujer y él gastaban sin control y la afición por el juego de Mozart les llevó a la ruina. Se dice que su pasión por las cartas y el billar eran mayores para él que tocar el piano. En la última parte de su vida pasó penurias económicas y, curiosamente fue cuando compuso muchas de sus sinfonías, conciertos y óperas más conocidas, así como su famoso Réquiem, encargo del conde Franz von Walsegg para recordar a su fallecida esposa. Desconocemos la causa de su muerte, pero sí sabemos que murió pobre, enterrado en una fosa común del cementerio de Sankt Marxer de Viena, junto a decenas de menesterosos.

    En mi opinión, esta visita a la casa de Mozart en Viena es totalmente prescindible. Más vale gastar los euros de la entrada en comprar algún libro sobre la vida del compositor, le sacarás más provecho.
   Está claro que a los vienenses les encanta el dulce, hay multitud de confiterias con unos pasteles muy peculiares, de mucho colorido. Uno de los recuerdos para turistas más abundantes en los escaparates son los bombones de Mozart, en forma esférica, cuadrada, etc.
    Por alguna razón poco estudiada, los austriacos son conservadores por naturaleza y temen los cambios. Cuando esos cambios se producen, suelen llegar muy tarde, a rebufo de otros países, como forzados, para que no se diga que son unos carcas: el matrimonio entre personas del mismo sexo llegó en 2017. En Austria aún persiste el servicio militar obligatorio, Google Street View tan solo funciona en zonas muy turísticas y desde hace muy poco, la separación clara de fumadores y no fumadores en los restaurantes aún la están discutiendo y actualmente cada establecimiento tiene libertad para hacer lo que quiera. También les costó su tiempo ofrecer servicios a través de móviles, como la banca electrónica .

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